Nepal: la cima del mundo se levanta tras el terremoto

El 25 de abril de 2015 la tierra se abría en Nepal. El país en el que reina en la cima del planeta (Everest, 8848 metros) se quedó bajo los escombros. El sismo no sólo se llevó por delante edificios y templos históricos, arrasó pueblos enteros que desaparecieron junto a las vidas de las miles de personas que los habitaban. Diecisiete días después, el 12 de mayo, la catástrofe se repetía. Han pasado ya dos años. ¿Qué ha sido de Nepal?

Luis Belvis es cónsul general del país en Barcelona. Experto en la zona, ha visitado Nepal en más de una quincena de ocasiones. Es fiel a sus montañas y está enamorado de sus gentes. Durante el terremoto, canalizó toda la participación de entidades sociales, empresas y particulares que querían aportar, de una forma u otra, su grano de arena. “Todavía se están curando cicatrices”, asegura. Hace dos años, toda ayuda era poca. Aún hoy toda ayuda es bienvenida.

“Una vida no la puedes recuperar pero sí puedes tener una nueva casa”

“Desaparecieron pueblos enteros con centenares de habitantes”, explica el cónsul a Aleteia. Muchas construcciones no estaban bien asentadas y los movimientos de 7.8 grados en la escala Richter las derribaron. “Aún se está reedificando el país”, destaca. Sin embargo, más allá de reconstruir los edificios el país necesita curar algunas heridas todavía más profundas. Murieron más de 10.000 personas.

“Una vida no la puedes recuperar pero sí puedes tener una nueva casa”, lamenta el cónsul. Los que se fueron no pueden volver y por eso muchas familias están aún en periodo de reinventarse. “Hay personas que se marcharon aquel día de su pueblo y no encontraron nada ni nadie al volver”, añade.

Veinticuatro meses no son suficientes para recobrar la normalidad. A pesar de todo “Nepal es un país optimista”, subraya Belvis. En este sentido, remarca el carácter de las personas de la zona en esta situación. “Cuando les escuchas y les entiendes, te preguntas cómo reaccionaríamos aquí. Estoy seguro que de una forma muy distinta”.

Según el cónsul, la espiritualidad de la sociedad nepalí hace que todo el mundo piense más en el otro. “Recuerdo el testimonio de dos nepalíes invidentes que no se cruzaron de brazos y salieron a dar su testimonio de esperanza en una emisora de radio”, explica. Belvis señala también que muchos tiempos budistas se abrieron para acoger a personas afectadas.

“Los nepalíes saben que no están solos”

A pesar de que el desastre ocurrido ya no llena portadas y titulares como inmediatamente después del sismo, las ayudas siguen llegando. “Existen varios proyectos de entidades sin ánimo de lucro que canalizan las ayudas y hacen que poco a poco todo vaya mejorando”. Ahora geólogos están planificando dónde reedificar los pueblos desaparecidos y se van a utilizar materiales antisísmicos. El cónsul destaca que “la gente ha sido muy generosa y han llegado muchas ayudas, por eso los nepalíes saben que no están solos en el mundo y tienen ilusión por salir adelante”.

Muchas de las personas que se han implicado desde el primer momento tienen lazos afectivos con el país, lo han visitado, tienen amigos allí y les une un gran compromiso personal. Igualmente, Belvis recuerda que en plena crisis recibió a personas que no conocían Nepal pero que querían ofrecer su trabajo y ponerlo a disposición del consulado y del país.

En Nepal existe pues un gran espíritu de reconstrucción. “La mejor forma de ayudar al país es yendo a visitarlo”, afirma el cónsul. De hecho, el turismo era una gran fuente de ingresos antes del terremoto y ocupaba un puesto destacado en la economía nepalí. Ahora se ha reducido, “Se puede volver a hacer trekking y los alojamientos y las carreteras están preparados”. Desde el consulado pues, animan a la población a volver al país para contribuir a levantarlo. “El turismo es trabajo y son recursos para los nepalíes”, concluye.

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