"Cut Bank": ¿Cuánto vale la paz interior?
Cut Bank nos cuenta la historia de Dwayne (Liam Hemsworth) un joven de una remota población americana que cansado del pueblo en el que vive decide abandonarlo. Sin embargo, Dwayne no se limitará a hacer las maletas sino que elaborará una retorcida estrategia para empezar de cero con algo de dinero en el bolsillo.
Al parecer, según nos cuenta el filme, la prueba fehaciente de un asesinato de un funcionario del estado, léase, un mensajero de correos, tiene cien mil dólares de recompensa.
Un día, en una aparentemente inocente grabación casera, Dwayne graba como un tipo mata al cartero del pueblo de dos tiros. Sin embargo Dwayne no contaba con el Diablo, un ermitaño rural al que todos daban por muerto que aparece reclamando uno de los paquetes que llevaba el citado cartero.
A partir de aquí el asunto se va de madre, las muertes se suceden y Dwayne pierde el control de la situación. Cuando ya está claro que está metido en un buen embrollo, el protagonista se arrepiente vivamente ante su padre impedido en una silla de ruedas. Su ancestro casi no puede reaccionar pero Dwayne se siente liberado. No obstante el Mal le pisa los talones.
Cut Bank le debe mucho a esa obra maestra de la estupidez humana que es Fargo, de los hermanos Coen, donde codicia y miseria se daban la mano es un grotesco baño de sangre.
El film que nos ocupa, dirigido por Matt Shakman, no llega a los extremos rocambolescos de la película de los Coen pero sí que evidencia la pesada sombra de una película sublime de la que ha tomado prestadas varias de sus señas de identidad; los personajes singulares y apagados, el humor inesperado, la trama criminal, el entorno rural y la pesada sombra de la avaricia.
Sin embargo, y al contrario que en Fargo, Cut Bank es una película mucho más esperanzadora. Menos oscura y lúgubre. Entre asesinatos, mentiras, traiciones y engaños aún habita la bondad.
Si el Diablo lo personifica Derby Milton (Michael Stuhlbarg) un siniestro personaje mentalmente desquiciado que mata sin piedad, lo bueno también tiene su espacio entre los habitantes de Cut Bank.
Cuando todo parecía perdido y la inapelable mano de la justicia debería caer sobre quien ha desencadenado la tragedia el sheriff de la localidad (John Malkovich) decide perdonar la estupidez del joven y ofrecerle una segunda oportunidad.
Es curioso porque a veces perdonamos. Generalmente no tenemos ninguna razón práctica de peso más allá de hacernos sentir bien.
En Cut Bank el sheriff violará la ley para no destrozar la vida de un hombre que aún lo tiene todo por delante. Quizá porque se lo merece o por simple y pura bondad. Hay un precio, eso sí, no aceptar el dinero de la recompensa pero ¿qué valen cien mil dólares frente a la paz interior? Nada.
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