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He aprendido a perdonar y ahora soy feliz

 Las ventajas del perdón, ahora validadas por el mundo científico, incluyen la reducción del dolor crónico, de los trastornos cardiovasculares, de la conducta violenta, el incremento de la esperanza y el alivio de los niveles de depresión y ansiedad. Las personas que no perdonan sufren niveles elevados de presión arterial y frecuencia cardiaca, así como otros problemas de salud.

El perdón es un proceso (o el resultado de un proceso) que involucra un cambio en las emociones y actitudes hacia un ofensor. El resultado del proceso se describe como una disminución en la motivación para tomar represalias o guardar la lejanía respecto a un ofensor a pesar de sus acciones, y requiere dejar ir las emociones negativas que se experimenten hacia él.

El perdón no debe ser confundido con  excusar, condonar, indultar ni olvidar.  De este modo:

Perdonar concede beneficios importantes a las víctimas de una ofensa.

Cuatro aspectos claves para mejorar la disposición al perdón y aprender a sanar las heridas del pasado.

Ser capaz de perdonar es un regalo para uno mismo. No sólo beneficia a la persona perdonada sino también a la que perdona.

Al no perdonar, la persona dañada está encadenada a la persona que le hizo el daño y, mientras no la perdone, no podrá sustraerse al poder que el ofensor y la ofensa tienen sobre ella.

El no poder perdonar provoca un estado de flujo de emociones negativas que obstruye el camino de la energía hacia proyectos más constructivos.

Perdonar es una decisión. La de dejar ir el dolor. No significa permitir que la persona siga haciendo daño. Para que ocurra una reconciliación es necesario que el agraviante pida perdón y que se proponga no volver a hacer daño. El perdón, en cambio, no necesita el arrepentimiento del culpable en absoluto.

Se puede perdonar a los que ya no viven, pero no reconciliarse con ellos. Se puede perdonar a quien nos hizo daño y abusó de nosotros, pero sin dejarlo entrar en nuestra vida para que vuelva a hacerlo. Ciertamente perdonar a quien nos ha ofendido mientras aun vive es muestra de grande madurez humana y siempre un don que hacemos a los demás y a nosotros mismos. No olvidemos que todos tienen derecho a una segunda oportunidad.

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