Un refugio antártico ecológico al servicio de científicos y expedicionarios

El proyecto ya está en marcha. El escenario de experimentación, previo al desarrollo en la isla Dee de la Antártida, es el volcán Chimborazo, famoso en el mundo por ser el más alto de Ecuador y uno de los puntos más elevados de la Tierra.

En ese sentido, desde el mes de marzo la facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, junto al Instituto Antártico Ecuatoriano (INAE) y el Ministerio del Ambiente del Ecuador (MAE) instalaron un prototipo habitable a más de 4.800 metros de altura ahí en Chimborazo.

Uno de los principales atractivos de este módulo, que pretende instalarse en la Antártida, es que es ecológico y fue construido con paneles de eco-materiales y fibras naturales de caña de guadúa (subgénero del bambú), cascara de arroz, abacá (planta herbácea), coco, entre otros, destaca El Expreso de Guayaquil.  Su tamaño oscila entre los 2.50 metros de lado por unos 3 metros de alto y tiene capacidad para unas cuatro personas.

De momento, el experimento en Chimborazo sirve como refugio para el encargado de la vigilancia en la Reserva de Producción de Fauna de Chimborazo, pero se sigue trabajando en la adaptación de los materiales para que puedan ser efectivos en un ambiente similar al de la Antártida.

Una investigadora de la Católica, Cristi Lozada, indicó a ese medio que si bien el ambiente de Chimborazo y la Antártida son parecidos, hay variantes como la altitud, los vientos y la temperatura, aspectos que deben ajustarse muy bien antes de trasladar el módulo al continente blanco.

Así pues, mientras se sigue trabajando en el diseño definitivo, que dotará a la Antártida de un módulo ecológico al servicio de la ciencia y los expedicionarios (hará las veces de habitáculo temporal en caso de emergencias), el proyecto entusiasma a los estudiantes que participan del proyecto (8), así como al grupo de profesores e investigadores que sueñan con que se pueda hacer efectivo antes de fin de año.

Entre ellos está, por ejemplo, la estudiante Beatriz Nivelo, quien se alegra por haber colaborado con “la obtención de residuos agroindustriales y en la elaboración de los ecomateriales y paneles”, reproduce El Expreso.

Pero el proyecto, denominado Refugio Antártico Ecuatoriano, significa mucho más que el entusiasmo de un grupo de personas que dan todo lo de sí para colaborar en este tipo de iniciativas, sino que representa una señal de compromiso de un país, en este caso Ecuador, con el desarrollo de investigaciones en pos de la sustentabilidad.

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