Le dí un cachete a mi hijo, ¿ahora qué hago?

Para muchos padres esta escena es impensable. Afortunadamente, la ley prohibe cualquier tipo de castigo físico y cada vez tenemos más hogares 100% libres de reprimendas físicas. Sin embargo, mi correo electrónico tiene varias decenas de correos de madres y padres que vienen a decir algo así como… “Hace unos días no me pude contener y le di un tortazo a mi hijo. ¿Soy la peor madre/padre del mundo?”. Realmente creo que no. No escribo este post para que nadie se sienta recriminado sino para ayudar a los padres que se encuentran en esa situación y, sobre todo a sus hijos.

Posiblemente muchos de vosotros leeréis este post boquiabiertos, pero doy muchas conferencias a lo largo del año y suele ser habitual que algún papá o mamá me pregunte qué ocurre si de vez en cuando le da un bofetón al niño. Siempre lo hacen de manera privada, al final de la conferencia, y es natural porque la mayoría de padres que alguna vez han soltado un azote o un bofetón lo llevan en secreto.

Es cierto sentido es un tema tabú y, de hecho, la mayoría de los blogs o libros educativos no abordan este tema. La mayoría se limitan a decir “No se debe pegar a los niños” y ofrecen alternativas a los gritos, pero no ofrecen estrategias para esos padres que en una ocasión dan un azote o tortazo al niño.

He decidido escribir este post porque el hecho de que muchos padres quieran llevarlo en secreto no es razón para que los profesionales hagamos como si no ocurriera. La realidad es que ocurre. No cuando el niño es un bebé, sino cuando el niño es algo mayor. No te quepa duda de que le ha ocurrido a algún niño de clase de tus hijos, de que le ocurre a algún niño de tu vecindario, a alguno de tus sobrinos y, en muchos casos a algunos de los padres que leéis este blog.

Los azotes ocasionales no son patrimonio exclusivo de los entornos marginales sino que ocurren en todo tipo de familias y este tipo de preguntas me asaltan en escuelas públicas, privadas y concertadas, y son realizadas por papás y mamás con estudios y sin estudios y un nivel socioeconómico, medio, bajo y alto.  En este post os transmito algunas pautas básicas para saber cómo actuar si en algún momento un papá o mamá hace lo que ningún papá o mamá debería hacer.

1. Se consciente de lo que acabas de hacer. Un niño no es una silla contra la que podamos descargar nuestra ira e impotencia. Un niño es un ser humano de pleno derecho y como tal no puede ser agredido EN NINGÚN CASO.

2. Reflexiona sobre lo que hizo que perdieras los nervios. El comportamiento del niño no es la respuesta. Los niños hacen lo que hacen los niños y son muchos (la mayoría espero) que saben lidiar con estas situaciones sin agredir al niño. La verdadera razón por la que tu no lo consigues y ellos sí, está en ti. En los conocimientos que tienes del desarrollo del niño y en las habilidades de que dispones. ¿Crees que un niño, por el hecho de ser más debil que tu puede ser golpeado para que aprenda? ¿Tienes expectativas irrealistas respecto a cómo se comportan los niños? ¿Estás demasiado cansado al finalizar el día para sobrellevar la frustración, los lloros? ¿Sabes cómo deberían actuar pero no tienes las habilidades y herramientas necesarias para lograr ayudarles a conseguirlo?

3. Bajo ningún concepto expliques al niño por qué lo golpeaste. Es relativamente frecuente que los padres digan… “Lo siento. Te he dado una torta porque te lo he repetido 3 veces y no me hacías caso”. Esta es una trampa muy peligrosa porque de alguna manera estamos justificando nuestra actuación. Nunca hay un fin que justifique la agresión, por lo que cualquier explicación sólo hará que tu hijo y tú entendáis que, de alguna manera, el tortazo o el azote estaba justificado. Muchos maltratadores utilizan el mecanismo de la excusa para justificar sus agresiones haciendo a la vez que la víctima se sienta merecedora de la agresión. No dejes que tus hijos sientan que merecen ser pegados.

4. Pide perdón con sinceridad y arrepentimiento. Como has visto en el apartado anterior no hay justificación. Así que si le pegaste, dile que lo sientes, reconoce que lo hiciste mal, pero no añadas ninguna razón. Asume que te equivocaste, pide un perdón sentido y explícale a tu hijo que no volverá a ocurrir. Así por lo menos el niño sabrá que no debe sentirse culpable de recibir el tortazo.

5. Se consciente de que el tortazo o el azote, realmente no tienen arreglo. No hay nada que puedas hacer que eche el tiempo atrás, o que haga que ese dolor desaparezca. Mis padres fueron buenos padres. No tengo duda de eso. Pero en tres ocasiones se les fue la mano. Una vez mi padre me dio un cachete cuando, sin fijarme y sin querer, pisé sus gafas y las rompí. Otra vez mi madre me dio un bofetón delante de un plato de espinacas y una más un día que tiré unas croquetas por la ventana del patio porque no me las quería comer (se quedaron pegadas en el cristal de la vecina). A día de hoy 30 y muchos años después tengo perfectamente grabadas esas tres bofetadas. Al igual que las que tu des a tus hijos, no se pueden deshacer ni arreglar. Se quedan grabados en nuestra memoria y en nuestro corazón.

6. Aprende de tu error y toma el compromiso de no volver a repetirlo. Resulta relativamente fácil pedir perdón, pero de poco sirve sentirse culpable si no tomas medidas para prevenir que pueda volver a ocurrir. Realmente el cerebro es capaz de aprender de los errores, pero para ello, debemos aprender a actuar de manera distinta a como lo hicimos. En este caso, lo más efectivo es aprender estrategias efectivas para educar sin perder los nervios.

7. Si ves que todo lo anterior no fue suficiente…pide ayuda. Distintos profesionales te pueden ayudar a manejar situaciones frustrantes con calma y autocontrol. Con frecuencia son los psicólogos infantiles los que reciben las demandas de los padres por el comportamiento de sus hijos y acaban haciendo una labor de educación de los padres para enseñarles estrategias efectivas para mejorar su manejo de situaciones difíciles.

Artículo de Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”.

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