¿La gente sigue creyendo en la suerte, lo paranormal, el horóscopo…?

La Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), organismo dependiente del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad de España, presentó recientemente el informe de resultados de su VIII Encuesta de la percepción social de la Ciencia y la Tecnología, correspondiente al año 2016.

A través de entrevistas personales realizadas en su domicilio a más de 6.000 personas (a partir de los 15 años de edad) durante dos meses, los encuestadores han realizado un interesante repaso a todo lo relativo al conocimiento científico y a la tecnología en la población, logrando una fotografía del “imaginario colectivo” sobre estos temas.

Algunos datos ofrecidos por el informe van más allá de lo meramente científico y, al repasar un elemento cultural tan importante como la denominada “alfabetización científica”, encontramos la valoración que hacen los españoles de lo que, desde el punto de vista del conocimiento, podríamos situar en el ámbito de la pseudociencia o incluso de la superstición.

El ser humano no vive la realidad en compartimentos estancos, sino que acción, pensamiento, reflexión, creencias, sentimientos… se entremezclan de manera que unas cosas influyen en otras. Y aquí podemos encontrar lo relativo al pensamiento supersticioso o mágico.

El conocimiento científico avanza, pero los números muestran la necesidad que el hombre tiene de ir más allá de lo tangible y encontrar algo que dé sentido y coherencia a la realidad, una cosmovisión que integre lo que nos rodea y que haga posible situarnos ante el mundo, sobre todo en los momentos de dificultad y sufrimiento.

Desde una óptica bastante optimista, el informe explica que “la ciudadanía considera de forma muy mayoritaria que: no sucede lo que pronostican los horóscopos (83,9 %), no cree en los fenómenos paranormales (76,7 %), no confía en los curanderos (76,3 %), no hay números o cosas que den suerte (71,3 %)”.

Desde luego que las cifras indican una mayoría escéptica ante estas creencias populares, pero es importante que nos fijemos en el número de personas que sí las aceptan, dándole la vuelta a la cuenta. Así, en España nos encontramos con estos porcentajes de creencia mágica, supersticiosa o esotérica:

– El 11,6 % de la población acepta mucho o bastante la afirmación de que “hay números y cosas que dan suerte”. El 16 % se identifica algo con ella.

– El 8,6 % de los españoles creen mucho o bastante en los fenómenos paranormales, y el 13,9 % bastante.

– En cuanto a la confianza en los curanderos, se sitúa en un 8,3 % de la población si hablamos de mucha o bastante, y en un 14,6 % que confía algo en ellos.

– Y creen mucho o bastante que “sucede lo que pronostican los horóscopos” un 5,5 % de la población, y la creencia es más moderada en un 9,2 %.

Por lo que, a grandes rasgos, creen en la suerte que dan ciertos números u objetos el 27,6 % de la población, confían en los curanderos un 22,9 %, los fenómenos paranormales convencen a un 22,5 % y se fían del cumplimiento de lo pronosticado por los horóscopos “sólo” un 14,7 %.

Además, hay que tener en cuenta que los ciudadanos que se fían “poco” de estas cosas está en torno al 20 % en todos los casos (el “muy poco”, postura más escéptica, supera siempre el 50 %), por lo que todavía hay una parte más importante de la población que no descartaría del todo una posible realidad en estas cuestiones. Algo así como el “haberlas, haylas”.

Estos datos se complementan con los aportados con respecto a las pseudociencias: “respecto a la eficacia de los productos homeopáticos son más los ciudadanos (36,7 %) que consideran que no son efectivos que quienes piensan que sí lo son (26 %). Mientras que en el caso de la acupuntura ocurre a la inversa, son algunos más los que consideran que funciona (34,1 %) que quienes creen que piensan que no lo hace (27,3 %)”.

Lo exhaustivo del informe publicado permite conocer otros datos interesantes, como que la creencia fuerte en estos temas siempre es superior en las mujeres que en los varones, o que la edad no supone demasiada variación.

Sin embargo, es curioso comprobar que el nivel de estudios de las personas no siempre es señal de un mayor rechazo a las cuestiones mágicas o supersticiosas. Por ejemplo, en cuanto a los curanderos sí se da esta situación, pues frente al 23,6 % de las personas que no han llegado a alcanzar los estudios primarios y que confían en los curanderos… sólo está el 2,8 % de los que tienen estudios universitarios.

Pero la creencia en los fenómenos paranormales, que sólo convence al 5,9 % de las personas con menos estudios, va aumentando algunos puntos según se sube en el nivel de formación, hasta caer al 7 % en los que tienen estudios universitarios, lo que supone, de todas maneras, un punto más a pesar de la diferencia educativa.

También es interesante lo relativo al hábitat en el que viven las personas. Frente a lo que se podría suponer (en una típica comparación entre lo rural y lo urbano en cuanto a formación, cultura y “modernidad”), todas estas creencias aumentan en adhesión según subimos en el volumen de las ciudades en las que habitan las personas.

En el caso de los “números y cosas que dan suerte”, más del doble (del 8,1 % que cree mucho en núcleos de menos de 10.000 habitantes, al 19,6 % en las ciudades de más de medio millón), y en el caso de la confianza en el horóscopo, cuatro veces más (del 2,7 % al 11,6 %).

El estudio aporta otros datos curiosos, como que “tienden a confiar relativamente más en los curanderos las personas residentes en hogares con ingresos mensuales de 900 € o menos, los que se definen como católicos practicantes”. Éstos aumentan siempre la media de confianza en las cuestiones mágicas y supersticiosas, sobre todo en lo relativo a la suerte y a los curanderos (con un porcentaje que casi duplica la media). Además, “los creyentes de ‘otras religiones’ se identifican algo más en general con las pseudociencias”.

Estos datos son semejantes a los ofrecidos por otros estudios sociológicos que han abordado estos temas en España –y podrían compararse sin mucha dificultad a los obtenidos en otros países occidentales–. Por ejemplo, el informe Jóvenes españoles 2010, de la Fundación Santa María, ofrecía hace unos años algunos números interesantes.

Según aquel estudio centrado en la juventud española, el 19,8 % cree en la reencarnación, un tema específicamente religioso que no se ha preguntado, claro está, en el informe sobre ciencia y tecnología.

Consultados los jóvenes en el año 2010 sobre si “hay o podría haber algo de verdadero” en diversos campos del esoterismo, respondían afirmativamente con estos porcentajes: en los horóscopos y astrología un 34,7 %, en las diversas formas de adivinación un 24,7 %, en los curanderos o sanación por poderes un 18,7 %, y en la comunicación con el más allá un 14 %.

Así, pues, estimar en torno a un 20 % de la población en general la creencia o, al menos, la cercanía a todos estos temas esotéricos, paranormales y mágicos, no es nada descabellado. Nuestra cultura, que ha marginado las creencias religiosas en gran medida, ha caído en manos de la credulidad.

Urge no sólo la información, sino, sobre todo, la formación, para evitar que este ambiente siga siendo un caldo de cultivo para la incursión en el mundo de la nueva religiosidad –con todas las patologías espirituales, psicológicas, familiares y sociales que trae consigo–, de la captación sectaria y del abuso de situaciones de vulnerabilidad en muchas personas de toda clase y condición.

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