¿Existe la depresión postparto? ¿Cómo se afronta?

Ha nacido el bebé y está sano y hermoso, todos están felices… todos menos la nueva mamá. No es extraño: se estima que más de la mitad de las mujeres experimentan lo que se llama “tristeza postparto”, Baby blues o “melancolía de la maternidad”, entre dos y tres días después del nacimiento, y que dura un par de semanas.

Es algo normal, fisiológico: el cuerpo de la mujer ha estado sometido a un esfuerzo enorme durante el embarazo y el parto (muchas mamás tienen agotamiento físico y anemia), y ahora tiene que atender al bebé (con la consiguiente falta de sueño, sobre todo si tiene más hijos), en pleno cambio hormonal, y a veces con dificultades añadidas – problemas económicos, lejanía de la familia, etc.

Pero la depresión postparto es mucho más que un Baby blues: es un problema que puede tener graves consecuencias en la salud de la madre y del bebé. En su fase extrema, puede derivar en una psicosis maníaca o depresiva, e incluso requerir la hospitalización de la mamá.

La depresión postparto no es un episodio transitorio de tristeza: puede aparecer después de semanas, incluso meses, del parto, o incluso antes o durante el embarazo. Afecta en torno al 7-19% de las mujeres, y es especialmente previsible en mujeres con trastorno bipolar o depresión mayor por otras causas.

También son factores de riesgo las dificultades a nivel económico, los problemas laborales o peor aún, el luto por la muerte reciente de algún familiar o amigo cercano.

¿Cuál es el problema principal que plantea la depresión postparto? Sobre todo, la dificultad de la mujer en reconocerlo. Muchas mujeres son reacias a admitir los síntomas de baja del estado de ánimo, ya que se sienten avergonzadas o estigmatizadas, y se preocupan porque su hijo necesite asistencia médica.

Evidentemente, cuando la mujer no estaba preparada para acoger al nuevo hijo, por cuestiones de edad (embarazos en la adolescencia) o por tratarse de un embarazo no deseado, o cuando hay abandono de la pareja o excesiva carga laboral, las manifestaciones de depresión se enfatizan de manera significativa.

Pero aún así, lo social no es lo determinante: hay mujeres que aparentemente no tienen problemas de este tipo, e igualmente desarrollan una depresión. ¿Por qué? Pues porque en la depresión intervienen también factores hormonales y psicológicos (carencias afectivas en la niñez, por ejemplo).

Es importante sostener y ayudar a las mujeres que experimentan estos síntomas, porque atenderlos de manera preventiva evitaría muchos casos de dolor psíquico innecesario. A esto se suma el hecho de que, para el recién nacido, es fundamental la estabilidad de la madre, sobre todo del punto de vista afectivo, ademas de la importancia para la buena alimentacion y atención del sueño y de la serenidad de los primeros meses. Es en esta primera etapa donde el bebé desarrolla el apego emocional, tan importante para su salud mental de adulto.

Algunos síntomas de depresión moderada son: Estado de ánimo depresivo en un grado que no es normal para esa persona, pérdida de interés en general y disminución de la energía.

La depresión puede ser catalogada como moderada o grave si aumenta la cantidad de alguno de los siguientes síntomas: Pérdida de confianza, sentimientos de culpa excesivos, pensamientos recurrentes de suicidio, falta de concentración, agitación excesiva, problemas con el sueño y cambios radicales del apetito (disminución o aumento notable).

Si se detecta tarde o no se descubre, la depresión postparto puede tener consecuencias difíciles de asumir. Tengamos en cuenta, que los síntomas pueden incrementarse con la vuelta de la menstruación debido a las fluctuaciones hormonales.

Uno de los aspectos personales más importantes para la mujer es ser más comprensiva consigo misma y aceptar toda la ayuda que se pueda ofrecer, dejando aparte todas las tareas que no sean imprescindibles. Cuando las semanas van pasando y no se siente mejoría, lo mejor es pedir abiertamente ayuda.

Adaptarse a la maternidad puede ser difícil, sobre todo si esperabas que después de tener al bebé todos los sentimientos fueran positivos. Lo importante es ver todo esto como un momento de transición, con mucha normalidad, y con la certeza de que pronto se recuperara el proprio equilibrio.

La buena salud física y psicologica de la madre tiene que ser una prioridad en la familia, tanto por la propia la mujer como por el recién nacido. La calidad afectiva y futura de los niños inicia desde las primeras semanas y meses de vida. La estabilidad emocional de la madre es un beneficio del que todo recién nacido debería gozar.

Artículo realizado en colaboración con Javier Fiz Pérez, Psicólogo, Profesor de Psicología en la Universidad Europea de Roma, delegado para el Desarrollo Cientifico Internacional y responsable del Área de Desarrollo Científico del Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP).

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