Dorothy Day, Madre Teresa y el Evangelio de los cinco dedos

Muchos tal vez no lo sepan, pero en 1970 Dorothy Day viajó a Calcuta y fue invitada por Madre Teresa para que les hablara a sus novicias.

La periodista católica Eileen Egan estuvo con Dorothy durante aquel viaje y compartió su experiencia sobre las novicias escuchando hablar a Dorothy por primera vez:

Veía sus ojos abiertos mientras ella relataba las múltiples veces que había escogido ir a la cárcel. Entendían el hecho de ir a la cárcel por la verdad y la liberación, como había hecho Gandhi; ahora lo escuchaban en un contexto específicamente cristiano, el de las Obras de Misericordia, de visitar al prisionero entrando en la prisión.

No se suele mencionar a Dorothy Day y a Madre Teresa en la misma frase; no obstante, la conexión entre estas dos santas mujeres es profunda.

Lo descubrí en un reciente viaje de carretera, escuchando otro fantástico CD sobre historias de héroes santos (un magnífico recurso para los padres católicos que quieran mantener tranquilos y contentos a sus hijos en el asiento trasero del coche, al tiempo que aprenden sobre la fe). En esta ocasión íbamos escuchando la historia de la mujer que ahora conocemos como santa Teresa de Calcuta.

De pequeña, Anjezë Gonxhe Bojaxhiu (Madre Teresa), aprendía sobre el Evangelio con su madre y recibió un recordatorio simple sobre cómo el Evangelio al completo podía resumirse en cinco dedos. Su madre levantaba los cinco dedos de una mano y contaba con una palabra para cada uno:

“A. Mí. Me. Lo. Hicisteis.”

Estas cinco palabras sencillas, extraídas del capítulo 25 del Evangelio de Mateo, contenían todo lo que la madre de la joven Anjezë sentía que la pequeña necesitaba para vivir una vida acorde con la enseñanza de Jesús: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.

Este “Evangelio de los Cinco Dedos” caló hondo en Anjezë, la mantuvo centrada en la voluntad de Dios para ella y continuó definiendo su vida y todo lo que hacía. Su decisión de convertir en la misión de su vida el responder a esta vocación es precisamente lo que la puso en el camino de ser la gran santa que los católicos honrarán para siempre.

Dorothy Day, aunque pudiera no haber recibido la misma explicación, sin duda vivía una vida según el “Evangelio de los Cinco Dedos” que aprendió Madre Teresa.

Desde muy joven, Dorothy estuvo conectada con los aprietos de los que se enfrentaban a la injusticia social; su impulso por ayudar hasta el último de sus hermanos y hermanas definió su existencia. Y esto no hizo más que intensificarse después de su conversión al catolicismo.

Su dedicación al Sermón de la montaña y a ayudar a Jesús según Sus términos transformó su vida, las vidas de tantísimas otras personas que tocó, y ha pervivido en el tiempo transformando las vidas de muchas personas más a través de la obra y los escritos de Dorothy.

Al comenzar con las Casas de Hospitalidad del Trabajador Católico, junto a Peter Maurin en la década de 1930, Dorothy presentó una hoja de ruta para el que quería renunciar a toda su vida para ayudar a Jesús, encontrándole en todos los pobres y desafortunados que acudían a ella en busca de ayuda.

Con la apertura de la causa de su canonización el año pasado, solo el tiempo dirá si Dorothy Day seguirá los mismos pasos de Madre Teresa hacia la gloria del reconocimiento como una santa oficialmente canonizada en la Iglesia católica.

Sin embargo, una cosa está clara: aquel día de 1970 que pasaron juntas Day y Madre Teresa en Calcuta, Jesús sonreía para estas mujeres que representaban ese “Evangelio de los Cinco Dedos” que la joven Anjezë aprendió tantísimos años antes, y ahora Él nos mira a todos nosotros, confiando en que nos transformemos hoy con esas cinco palabras.

“A mí me lo hicisteis”.

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