Slow sex (el sexo lento) – es decir, no tengas prisa con el amor

¿Quince años de matrimonio y buen sexo? Este paquete realmente existe, pero hasta hace poco estaba segura de que la monogamia era sinónimo de la monotonía – se ríe Margarita, médico, de 38 años de edad.

Un día, sin embargo, algo sucedió. Comenzó muy mal. Me pasó algo desagradable en mi turno de trabajo. Estaba angustiada y terriblemente cansada. Y mientras estaba sentada llorando en la mesa de la cocina, Pedro, al regresar del trabajo, me abrazó de repente. Sentí una intensa emoción, una onda de ternura, el amor como un tsunami. Sé que son palabras patéticas, pero este momento resonó con fuerza en mí. Quería permanecer así para siempre. En sus brazos. Era como en una película. Incluso quería seguir estando triste para que él me abrazara, acariciara.

Sin darse cuenta, Margarita descubrió de esta manera el slow sex (el sexo lento). – Para mí fue un momento de profunda presencia de lo que llamo: Nosotros. Mi marido y yo. Nosotros. Aquí y ahora. Bueno, menos mal que nuestro hijo estaba en clase de inglés, porque pudimos prolongar este tiempo. Simplemente estábamos disfrutando de nosotros mismos. Como una anestesista introduzco a la gente en el estado de sueño. Podría comparar este momento con un sueño. Simplemente, por un momento estuve completamente apagada, completamente en off. Sin preocupaciones, sin problemas, sin llamadas, sin listas de la compra – dice Margarita.

Se puede comer en los puestos de comida rápida, de forma rápida, cualquier cosa y de cualquier manera. Así también se puede tratar el sexo. Pero, ¿tal vez en vez de otro galope hacia el orgasmo, por qué no ir en busca del mundo de los sentidos?

Ir subiendo poco a poco a la cima para ​​ descubrir de repente que las vistas y experiencias vividas en el camino valen más que la colocación de banderas en las cimas. El slow sex no es lento, sino consciente. Es atento.

Y cuando una está atenta, descubre nuevos puntos calientes del cuerpo, que no tenía ni idea de que existieran. Que le gusta que le toques la rodilla, el hueco del codo. O que cuando él me acaricia por debajo de la rodilla, me derrito de felicidad.

El sexo lento es como la comida lenta, nos hace sensibles a los sabores, olores, colores. Es una fiesta para todos los sentidos. Pero este tipo de celebración se debe aprender. Porque vivimos rápidamente y nos amamos de manera impaciente, egoísta y lo tratamos como una faena, con el orgasmo como una prioridad. Por eso, el sexo lento es mejor planificarlo. Es difícil fundirse en los placeres, cuando se dispone de quince minutos después de acostar al niño y todavía hay que escribir correos electrónicos de trabajo pendientes. ¿O es mejor la noche del sábado al domingo? En vez de ir al siguiente evento, quedarse a solas, y los niños llevarlos a casa de los abuelos.

No me refiero a la noche del aburrimiento sexual, durante la cual fingimos sentir la infinita felicidad cósmica. En lugar de jugar a unos hipsters sofisticados, podemos simplemente comenzar a abrazarnos. De forma ordinaria, banal. Sin esta conocida presión que hay que entrar inmediatamente en el camino recto del goce intenso. No tenemos que hacer ni sentir nada. Por fin, no tenemos que hacer nada de nada. Tiene que ser un gran banquete sensorial. Vosotros mismos decidís cuál es vuestro aperitivo, primer plato, segundo plato, postre, el siguiente postre, y cómo será vuestra guinda del pastel.

El slow sex no significa hacer gimnasia sexual, sino darse placeres simples. Debido a que las cosas simples se nos ocurren con dificultad, sugiero unos ejercicios terapéuticos que los llamo “nadar en la imaginación”. Vamos a acostarnos de espalda uno junto al otro. En una posición cómoda y relajada. Nos cogemos de las manos. Cerramos los ojos y nos dejamos llevar… de forma saludable. Imagínate que estás nadando en unas aguas hermosas, limpias y tranquilas. Por ejemplo, en un precioso lago. Pero puedes permanecer así sin imaginarte nada. Es suficiente que tus pensamientos estén a la deriva hacia dónde quieran ir. Tu mente irá más despacio y se librará de enfrentamientos internos. En este estado de relajación puedes empezar a buscar a tu pareja a tientas, y luego mirarle a los ojos.

El sexo lento no viene con recetas preparadas de cómo celebrar la corporalidad. Y muy bien. No es una receta para llegar al orgasmo, sino una demostración de la imaginación, de afecto, de la gratitud. Para ser un buen amante no necesitas ahondar en las técnicas de masaje. Lo más importante es que tus movimientos sean naturales, calmantes, que no causaran malestar, sino que pudieran introducir en un estado de felicidad, relajación, incluso un semi-sueño. Estamos muy cerca el uno el otro. Nos miramos. Con ternura, seduciendo dulcemente o de forma más picante. Como queramos.

La base de sexo lento es la caricia, llamada el primer idioma. Es capaz de decir más que mil palabras. Es nuestro alfabeto de amor. Volvamos a descubrir el toque amoroso. Volvamos a la simplicidad. No tenemos que practicar todos los elementos del Kama Sutra para disfrutar.

Descubrirás, por ejemplo, que acariciar con las yemas de los dedos la parte interna del antebrazo y del muslo, y el área detrás de la rodilla es una gran fuente de energía del amor. Y que es mejor alejarse de la zona de las axilas. Las cosquillas no pertenecen a los estímulos más sensuales. No hay que olvidarse de los pies. Según los principios de la acupresión la almohadilla del dedo gordo se asocia con la glándula pituitaria, que regula la secreción de hormonas sexuales. Acariciando esta zona podemos contar con la explosión de la energía sexual masculina. Cuando él es pasivo o se pierde y no sabe que simplemente te puede imitar, entonces dirige sus manos. Ésta sigue siendo una manera fácil de obtener lo que se desea.

El sexo es la alegría de la carne, pero en el caso del sexo lento, con el cuerpo no es suficiente. La piel y las emociones están muy cerca. La mera proximidad del ser amado causa la dilatación de los vasos sanguíneos. Sentimos un calor agradable. La epidermis se vuelve más suave y lisa. A veces los pelos se ponen de punta, pero ¡de qué manera! Es todo un placer.

Michael Kraus, un psicólogo clínico, llamó a la caricia el agente de la proximidad. En sus estudios presentó argumentos que acariciarse no sólo fortalece la relación, pero también habla de su fuerza. Nos sentimos más conectados que el que nos toca. El contacto físico construye la cercanía mental. Es toda una potencia específica.

Las caricias sensibles por parte del compañero reducen el dolor en mujeres embarazadas y la depresión posparto. La caricia romántica actúa como un paraguas protector en situaciones de emergencia. Aumenta el nivel de las hormonas de la felicidad: de las endorfinas y de la oxitocina. Moviliza y refresca los sentidos. Desacelera el ritmo cardíaco, disminuye los niveles de cortisol, de la hormona del estrés, estimula el funcionamiento del sistema parasimpático, que es responsable del estado de la relajación de los músculos y del cuerpo entero. El suave y delicado masaje el amor mejora el trabajo del corazón y del sistema circulatorio.

Y aún hay más: los estudios muestran que el slow sex es como el slow food. Nutre de forma saludable. Nos fortalece. Nos hace felices. Las señales íntimas transmiten señales no sólo del deseo carnal. También de la intimidad conyugal amorosa, de la seguridad, devoción y confianza. Las caricias expresan la unidad, el cuidado mutuo y suben la autoestima.

Las caricias aseguran a los cónyuges lo importantes que son el uno para el otro. Al estar tan cerca se puede encontrar nuevas y mejores palabras para expresar los viejos problemas o conflictos recurrentes. Finalmente, se pueden comprender y perdonar. Y todo esto hace que estemos satisfechas, no sólo con el sexo, sino también con la vida.

Ir más lento significa hacerlo con más sabiduría, más belleza, con más amor. Con paciencia. El sexo lento es como el vino, requiere de tiempo para que su sabor sea el mejor. Encontremos este tiempo para nosotros mismos y el tiempo se detendrá.

No hay comentarios.

Con tecnología de Blogger.