Papa Francisco es la única voz disonante entre los Putin y los Trump

Fue una audiencia privada, tan íntima que ni siquiera apareció en el menú oficial de reuniones papales. Tuvo lugar la mañana del sábado 22 de abril, en la biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano. Ambos hablaron en soledad durante 45 minutos. Camps ilustró con detalle la crisis humanitaria que su ONG toca con la mano todos los días. Las historias de los refugiados muertos en el mar, tratados simplemente como números. El Papa cogió papel y bolígrafo y anotó un nombre. Él mismo concertó una reunión para el activista con su colaborador más cercano en materia migratoria.

“Para todas las ONG que trabajamos en el Mediterráneo y en el Egeo él es un altavoz. En un mundo que está dando un giro hacia un lado, es una voz disonante entre los Putin y los Trump, es el único que se yergue por encima del cargo que ostenta. Nos reclama que seamos más humanos, porque este es un problema grave. Hay que volver a humanizar nuestras instituciones, porque ahora no estamos demostrando ser humanos y, mucho menos, respetar los derechos que deberíamos respetar”, aseguró Camps a Alfa y Omega al salir de la reunión.

No era la primera vez que ambos se encontraban, y el Papa Francisco lo recordó. En mayo de 2016 el socorrista acudió a una audiencia pública en la plaza de San Pedro y le entregó el chaleco salvavidas de una niña a la cual no alcanzó a rescatar de la muerte. Tanto le impactó aquella historia que Francisco colgó la triste reliquia en una de sus salas de reuniones. Cuando en febrero pasado Camps le pidió un encuentro a través de un mail, él respondió que sí inmediatamente.

“Quisimos informarle al detalle de lo que ocurre: a estas aguas internacionales no llega Frontex [la agencia fronteriza europea], apenas llega la Guardia Costera [italiana], los que estamos allí trabajando somos llamados factores de atracción y no se tiene en cuenta lo que ocurre al otro lado del mar. Allí los refugiados son aniquilados por no querer embarcar, son perseguidos, las mujeres son violadas sistemáticamente y los hombres son usados como esclavos para la construcción”, añadió.

Lo único que hacemos es salvar vidas

Factores de atracción parece un eufemismo. Las organizaciones civiles que salvan vidas en el Mediterráneo han sido blanco de acusaciones mucho más infamantes. Un fiscal del sur de Italia los trata de cómplices de las mafias libias y un referente político del movimiento 5 Estrellas, Luigi Di Maio, los bautizó de taxis del Mediterráneo. Para Camps todo se trata de “más de lo mismo”, un intento por “difamar”.

Como “ciertas campañas de información muy tendenciosas” que solo buscan etiquetar, asignando nombres despectivos a las personas que huyen, sin saber nada de sus vidas. Nadie, constata, decide abandonar su casa y su familia porque sí, lo hace por ciertos motivos, pero de eso nunca se habla.

En su momento, recuerda, Camps explicó todo esto en detalle al Senado italiano tras ser llamado a una reunión informativa. Y dobló la apuesta con un desahogo: “Es lo que deberían estar haciendo ellos y no lo hacen, y nosotros tenemos muchas ganas de dejar de hacerlo. Si quieren que nos retiremos, que vayan ellos al mar y automáticamente volveremos todos a nuestros trabajos, a nuestras familias y estaremos otra vez tranquilos”.

“Lo único que hacemos es salvar vidas y pedir que se proteja a estas personas. Tampoco exigimos que se acoja al 100 % de la gente que llega a las puertas de Europa, pero sí queremos que se proteja a estos ciudadanos, porque a ello nos comprometimos en los tratados internacionales. Si no, abandonemos esos acuerdos y estas facciones políticas que lo digan: que abandonarán estos acuerdos por los motivos que quieran, a ver si se animan a hacerlo públicamente. Es más, ya lo están haciendo, pero no lo comunican”, insiste.

En este contexto, la cita con el Papa adquirió un valor añadido. Sobre todo, por la claridad con la cual Camps garantizó que Francisco está “completamente de acuerdo” con el trabajo de las organizaciones, las apoya públicamente y les pide seguir con su labor.

Son ocho los pequeños grupos que voluntariamente patrullan el mar, listos para socorrer las barcazas repletas de refugiados, además de las organizaciones más conocidas, como Médicos Sin Fronteras y Save The Children. Todos están coordinados por la Guardia Costera italiana. “Jamás tomamos una decisión unilateral ni tomamos partido”, aclara el socorrista.

Hace dos años, decidió apartarse de una vida de empresario en Cataluña y fundó Proactiva Open Arms. Hoy la fundación tiene una base en el norte de Lesbos (mar Egeo), con embarcaciones permanentemente de guardia, y otra en Malta, en el corazón del Mediterráneo. Sus voluntarios provienen de países como Argentina, Italia, Grecia y Alemania. Cada misión dura dos semanas. Cada equipaje lo componen 15 personas. Patrullan hasta que reciben una llamada de alerta, e intervienen en las condiciones más extremas.

Desde su creación han salvado 37.000 vidas. Unas 2.000 en lo que va de 2017, 16.000 el año anterior. Con la Guardia Costera no existen polémicas. En el mar, la política queda de lado. Las redes sociales les permiten sobrevivir, gracias a donaciones que llegan de países como Estados Unidos, Grecia, Italia, Noruega, Inglaterra y numerosas pequeñas aportaciones de españoles. Acaban de recibir un galardón por la defensa de los derechos humanos otorgado por los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln y la Fundación Puffin.

“Estamos siendo testigos de un crimen, nosotros somos los primeros que contabilizamos a las personas como historias y no como números, las oímos en nuestros barcos, durante dos días escuchamos sus testimonios, que son desgarradores, brutales, sobrecogedores”, sostiene.

Camps confiesa haberse llevado una “sobrecogedora impresión” del detallado conocimiento que demostró el Papa de la crisis humanitaria de los refugiados. Para Francisco –asegura–, se trata de un problema de humanidad. “En pocas palabras, nos está llamando inhumanos”, dice. Para el Pontífice existe además una “clara fractura” entre el pueblo y la clase política, mostrándose el pueblo mucho más solidario con las personas en dificultad que sus gobernantes.

“El Papa se llevó algunas familias de refugiados de Lesbos para demostrar a la Unión Europea qué se debe hacer. Necesitamos voces como la suya, porque estamos cansados de que se mire hacia otro lado, de los conflictos de los cuales no se habla, de la intervención europea en los enfrentamientos armados… Ahora cerramos la puerta, cuando hemos expoliado África y puesto a dictadores títeres para los fines de muchos de nuestros gobiernos”, lamenta.

El socorrista catalán concluye: “Nuestro objetivo es garantizar vías seguras para que esta gente pueda venir o solicitar refugio, cuando proceda hacerlo, y no jugarse la vida con mafias en medio del mar. Con el Papa seguiremos hablando, este es el inicio de una serie de conversaciones para buscar maneras de poder difundir lo que estamos haciendo”.

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