La Iglesia mexicana ante la emergencia humanitaria de los migrantes

“Acompañar a nuestro pueblo en camino” es el nombre del extenso documento que ha emitido esta semana la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) en el que resume y proyecta una serie de acciones de la Iglesia católica ante la emergencia humanitaria, que enfrentan las comunidades de migrantes, camino a Estados Unidos.

Los prelados mexicanos parten del diagnóstico que la emergencia humanitaria con motivo del fenómeno social de la migración a la que como nación se enfrenta México, “es grave, y su perspectiva futura no apunta a una mejoría sino a tener grandes afectaciones en todo México y en la región en su conjunto”.

Desde esta especial urgencia y preocupación, los obispos mexicanos enfocaron su interés en “ayudar y ofrecer nuestro servicio a los migrantes mexicanos y latinoamericanos que transitan por nuestro territorio muchas veces buscando alcanzar los Estados Unidos”.

El contexto de donde parten los obispos de la CEM es, desde luego, la política migratoria del nuevo gobierno de Estados Unidos, la crisis de derechos humanos que estas políticas traen consigo y “la vergonzosa situación que desde hace muchos años se presenta en México, principalmente respecto de los migrantes centroamericanos, tantas veces víctimas del crimen organizado, de extorsiones y de trato inhumano”.

Ante la situación que los obispos mexicanos –a cuyo frente se encuentra el cardenal de Guadalajara, José Francisco Robles—describen como una “emergencia humanitaria”, apelan a propiciar el diálogo con Centroamérica y El Caribe, y la colaboración con toda Latinoamérica, con Estados Unidos y Canadá, en fin con todas aquellas instancias que propongan la solidaridad y el respeto a una vida digna de las comunidades y las personas migrantes.

En el terreno de las acciones concretas, los obispos mexicanos comparten el mismo mensaje de los obispos de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos: “que estas familias y sus miembros tienen un valor intrínseco, como hijos de Dios. Y a todos los afectados por las decisiones del gobierno de los Estados Unidos, les decimos, que estamos aquí para caminar con ustedes y acompañarlos en este viaje”.

Ahora bien, la CEM se comprometió, en todas las diócesis, y especialmente a través de la Dimensión Episcopal de la Movilidad Humana, a fortalecer a los agentes de pastoral para que se pueda coordinar de manera articulada y eficaz las acciones a favor de los migrantes.

Recordó que existen más de 60 casas de migrantes, además de otros centros y parroquias, administradas por diversas organizaciones de la Iglesia católica. “Éstas –subraya el comunicado de la CEM– son una respuesta importante, aunque todavía limitada que requiere ser más promovida y alentada”.

Los obispos reunidos en su plenaria de primavera también se comprometieron a apoyar la creación de redes y centros de coordinación que tengan la capacidad de orientar los esfuerzos en común de las casas de migrantes, y de todos los que trabajan en este tema y a participar –sin restricción alguna– en el trabajo que ya realizan comunidades eclesiales de otras denominaciones cristianas, que busquen el bienestar de los migrantes.

Finalmente, la CEM difundirá, desde la Comisión Episcopal de Pastoral Social, un “Directorio nacional” de casas, centros y agentes que trabajen con migrantes, y apoyará la elaboración y promoción de iniciativas conducentes a mejorar la legislación que regula el fenómeno migratorio en México.

Conscientes de que la mayor parte de los 11.3 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos son hispanos, los obispos de México –cualquiera que sea su situación migratoria– les ofrecieron su “solidaridad y participación decidida en la defensa de sus derechos humanos”.

En esta carta, que responde a los muchos llamados de organismos laicales y organizaciones internacionales, la CEM afirmó que apoyará las iniciativas que tengan como objetivo incidir en los organismos internacionales, para la defensa de los derechos humanos de los migrantes de Centroamérica, México y Estados Unidos.

Se trata, dijeron, de obtener “una vida digna para todos los migrantes”, por lo que los obispos de México pondrán su entera disposición “para atender las necesidades de emergencia humanitaria de forma inmediata, y al mismo tiempo, daremos los pasos necesarios para la corrección estructural de las causas que generan dicha emergencia”.

Al final de su comunicado, la CEM puso “a todos nuestros hermanos, migrantes, bajo la mirada amorosa, atenta y protectora, de nuestra Señora de Guadalupe, nuestra dulce y tierna madre”.

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