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Así transcurren los días en la escuela antártica de Chile

Se trata de la Escuela F-50 de Villa Las Estrellas, que está localizada precisamente en un pequeño pueblo chileno de la Base Aérea Antártica Presidente Eduardo Frei Montalva, que se encuentra en la península Fides de la Isla Rey Jorge.

En este espacio, que pertenece a Chile en la Antártida y que está cerca del Fortín Sargento Cabral (núcleo poblacional civil de la Base Esperanza de Argentina) hay personas que cumplen tareas temporales brindando servicios militares, científicos y de investigación. Están asentadas junto a sus familias (actualmente están viviendo seis familias en el pueblo chileno).

Esto también hace que esta pequeña localidad tenga un banco, un hospital, una oficina de correo, una iglesia (Capilla de Santa María Reina de la Paz) y una escuela, donde acuden tres hijos de oficiales de la Fuerza Aérea de Chile y una cuarta, que es la hija del profesor y director, Rogers Rivera.

En ese sentido, esta pequeña escuela está dirigida por Rogers y es secundado por su esposa, la otra profesora que tiene el lugar, quienes viven desde el año pasado en la Antártida, reproduce un informe de La Tercera.  

Los pocos alumnos que reciben clases en esta peculiar escuela están en diferentes niveles, pero todos reciben la formación adecuada de acuerdo a las etapas educativas correspondientes.

Las clases comienzan a las 8 de la mañana y se extienden hasta las 13 horas. Este año comenzaron en los primeros días de marzo a pesar de los 15 grados bajo cero y se extenderán hasta mediados de diciembre.  Luego de un breve descanso en sus casas retoman al aula hasta las 16 horas, momento en que la jornada llega a su fin.

En cuanto a rutinas, esta escuela denominada por la prensa local como “la más austral de Chile” (la que está ubicada más al sur), no varía tanto. Pero tiene algunas particularidades para la región. A la hora de la salida en invierno, a esa hora, ya es de noche y está todo oscuro.

“En esta época las temperaturas oscilan entre los 0°C y 3°C, pero dependiendo de la intensidad del viento, la sensación térmica ha llegado a -15°C. En mayo del año pasado hubo una temperatura de -23°C, con una sensación térmica de -38°C. Suspendimos las clases por ese día para evitar cualquier riesgo”, cuenta a La Tercera Rogers.

“Tenemos notebooks para los alumnos, TV, data, conexión a Internet, que es lenta, pero funciona. Para los momentos de distracción contamos con instrumentos musicales, juegos didácticos y de salón, mesa de ping pong, entre otros. Todo esto provisto por el Ministerio de Educación, por ahora, esta es la única escuela de Chile que depende directamente de él”, agrega.

Pero la vida en esta zona de la Antártida es tranquila y quienes están ahí lo viven con alegría a pesar de los desafíos.

Por ejemplo, a Isidora de ocho años, la hija de los profesores, le gusta salir a caminar junto a sus compañeros y disfrutar de la nieve. De fondo, un paisaje dominado por el blanco y en algunas épocas del año con la compañía de pingüinos, lobos marinos y focas, destaca La Tercera.

Recientemente Villa de las Estrellas conmemoró su trigésimo tercer aniversario y durante las ceremonias correspondientes hizo uso de la palabra el comandante de esta base, Sergio Cubillos, quien resaltó el espíritu de sacrificio de los habitantes de este pequeño pueblo en un lugar tan gélido.

“Vivir en un lugar como éste, al que muy pocas personas tienen la suerte de poder llegar, es un privilegio, pues los paisajes y la fauna propia del continente, están reservados solo para personas valientes y resueltas a lograr su objetivo, por lo tanto, sintámonos orgullosos y honrados de pertenecer a este selecto grupo de mujeres y hombres que habitamos en la villa más austral de Chile”, enfatizó el comandante, reproduce Prensa Antártica.

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