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Lectio Divina: Domingo XXI semana del tiempo ordinario

PRIMERA LECTURA: Josué 24, 1-2ª.15-17.18
 
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 33
 
SEGUNDA LECTURA: Efesios 5, 21-32
 
Invocación al Espíritu Santo:
 
Ven Espíritu Santo,
 
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
 
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad
 
para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
 
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.
 
Amén
 
TEXTO BÍBLICO: Juan 6, 60-69
 
6,60: Muchos de los discípulos que lo oyeron comentaban:
   —Este discurso es bien duro: ¿quién podrá escucharlo?
 
6,61: Jesús, conociendo por dentro que los discípulos murmuraban, les dijo:
   —¿Esto los escandaliza? 6,62: ¿Qué será cuando vean al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes? 6,63: El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. 6,64: Pero hay algunos de ustedes que no creen. Desde el comienzo sabía Jesús quiénes no creían y quién lo iba a traicionar.
 
6,65: Y añadió:
   —Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede.
6,66: Desde entonces muchos de sus discípulos lo abandonaron y ya no andaban con él.
6,67: Así que Jesús dijo a los Doce:
   —¿También ustedes quieren abandonarme?
6,68: Simón Pedro le contestó:
   —Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 6,69: Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Consagrado de Dios.
 
BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO
 
1.- LECTURA: ¿Qué dice el texto?
 
Estudio Bíblico.
 
En este domingo XXI del tiempo ordinario, nos encontramos con la lectura final del capítulo 6 del evangelista San Juan, sobre el discurso del “Pan de Vida”. El capítulo iniciaba con la multiplicación de los panes a modo de apertura del relato que pone en el centro a Jesús como el “Pan vivo bajado del cielo” capaz de dar vida eterna a quienes coman de Él.
 
En la lectura de este próximo domingo podemos visualizar claramente dos partes del relato, por un lado la conclusión del discurso del “Pan de Vida” y por otro, la “profesión de fe de Pedro”.
 
El domingo pasado el evangelista exponía la reacción de los judíos, la forma en que se escandalizaban por las palabras de Jesús, no logrando entender como era capaz de decir y de hacer tales cosas. Hoy la lectura no se reduce a las reacciones de los judíos, sino que incorpora a sus seguidores, los que podemos llamar discípulos de Jesús, que ante sus palabras algunos murmuran, flaquean y dan marcha atrás. “Es duro este mensaje, quien podrá escucharlo”, se decían unos a otros. La enseñanza de Jesús resulta “dura”, su mensaje es para algunos, difícil de acoger y de practicar. Las palabras de Jesús no son frases bonitas para ser escuchadas en una actitud pasiva, sino que requieren del hombre una aceptación tal que haga cambiar su modo de actuar, configurándose al modo de sentir y de amar de Jesús. Las palabras del Señor tocan al hombre, y lo hace poner en movimiento. Se preguntan ¡quién puede escuchar semejante mensaje!, y a respuesta es simple, todo aquel que esta dispuesto a abrir su corazón a Dios, y a dejarse poseer por él, puede escuchar sus palabras, ponerlas en practica, y ser dichoso. Cuando ingresa el prejuicio, el mensaje resulta “duro” y molesto, no existe la disposición, el corazón se cierra a querer cambiar.
 
En este texto encontramos palabras de Jesús muy fuertes como: “el Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve”. Aquí el termino carne hace referencia a la parte de “este mundo” donde más observamos la parte de la naturaleza humana visible, es decir aquello que nos es propio y nos diferencia de Dios que es puro Espíritu. El Espíritu Santo que recibimos en el Bautismo, en los demás sacramentos y que acompaña nuestra vida, nos abre a la inteligencia, para poder conocer y entender mejor los misterios de la Fe.

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