Cómo sentirse en paz ante la saturación de tareas y obligaciones
Cuántas veces nos ocurre que llevamos pocas horas del día trabajadas y ya el alud de encargos, decisiones, propuestas, deberes y disgustos nos invade. En ese momento, si apareciera una manada de bisontes por la puerta quizás nos parecería un alivio.
El tiempo le pasa volando casi a todo el mundo -con eso ya contamos- pero nos parece increíble que si habíamos comenzado la mañana con una larga lista de tareas, ahora la lista no solo no se ha reducido sino que parece el coloso en llamas.
Es en esos momentos cuando una empieza a pensar que de qué sirven los títulos universitarios o la formación profesional que ha recibido. Te creías JASP (joven aunque suficientemente preparada) y ahora comienzas a ver que lo de “joven” pasa a “antiarrugas” y lo de “suficientemente preparada” es sinónimo de “conjunto vacío”.
La crisis, cuando se prolonga días y días, puede llegar a tal extremo que a una le entren ganas de desaparecer. “No puedo con ello”, “me supera”, “es demasiado para mí”… ¿quién no ha pronunciado estas frases alguna vez? hay cansancio físico y cansancio psíquico.
En aquel momento es cuando uno entiende el poco contenido de las frases new age: “dentro de ti encontrarás toda la fuerza para vencer”, “no necesitas a nadie salvo a ti misma para lograr tu éxito personal”… Y un rábano. Sola, cansada física y mentalmente, una no es capaz ni de hacer bien la compra del pan.
Pero como la experiencia es un grado, vamos a ver si recordando algunos sucesos que todos hemos vivido, podemos sacar lecciones para afrontar mejor la situación la próxima vez que estemos saturadas.

Envíe un comentario