El Papa saluda a San-Suu Kyi: Religión sirva a unidad, perdón y tolerancia
El papa Francisco se ha reunido este martes 28 de noviembre con la lideresa de facto de Birmania, Aung San-Suu Kyi, y el presidente del país, Htin Kyaw, en Naipyidó, capital del país, y participó en una reunión con 16 líderes de diversas religiones en la que pidió no dejarse “colonizar” y exhortó al respeto de la diversidad étnica y religiosa. Los rohingya no fueron mencionados ni en el discurso del Papa, ni en del la Nobel por la paz.
En la reunión de esta mañana con los líderes del budismo (mayoría en el país), y de la minoría cristiana, además de representantes de otras comunidades como la hindú, la musulmana y la judía, Francisco sostuvo que la “unidad es siempre producto de la diversidad”.
El evento fue reservado por (según las autoridades) motivos de ‘seguridad’. Francisco invitó a los líderes religiosos a entender como una riqueza la diversidad de las tradiciones y de las diferencias culturales.
“Pero todo esto sólo puede ocurrir si vivimos en paz, y la paz se construye con un coro de diversidad. Si discutimos, tenemos que hacerlo como hermanos, y reconciliarnos rápidamente”, indicó el Papa.
Sucesivamente, el Papa en el encuentro con las autoridades civiles y el cuerpo diplomático de esta tarde en el Myanmar International Convention Center, confió en la “gran tarea de reconciliación e integración nacional”.
En este sentido, afirmó que “las comunidades religiosas de Myanmar tienen un papel privilegiado que desempeñar”.
Y una vez más aseguró que “las diferencias religiosas no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación”.
“Las religiones pueden jugar un papel importante en la cicatrización de heridas emocionales, espirituales y psicológicas de todos los que han sufrido en estos años de conflicto”, manifestó.
Por su parte, la premio Nobel, Suu Kyi, indicó que el gobierno de Myanmar “tiene por objetivo resaltar y mejorar la belleza de nuestra diversidad, proteger los derechos, promover la tolerancia y garantizar la seguridad para todos”.
“Santo Padre…es una gran alegría y honor y darle la bienvenida a este encuentro que confirma nuestra confianza en el poder y la posibilidad de paz y de ternura en la caridad”, dijo al inicio al recibir a Francisco.
La líder tuvo palabras y gestos de deferencia como cuando le tomó la mano al Papa y bajó la cabeza en signo de respeto.
La líder no hizo mención de la situación de la población de la minoría musulmana rohinyá blanco de un operativo militar en el estado de Rakáin, pero se refirió a ese territorio en términos de la erosión de la confianza entre la población debido a las incomprensibles.
“Jamás fuera del camino de la libertad justa”, recordó la líder que es el espíritu del himno nacional. Una nación que desea “la seguridad” y “la justicia” desde la ‘independencia’ declarada del Reino Unido en 1948.
En su intervención destacó la paciencia y el coraje que se necesita para anhelar “los derechos”, y “la seguridad” para todos en una nación de mayoría budista, pero con más de 135 grupos étnicos distintos y pidió el sueño de una “tierra justa y próspera”. Una promesa de paz que se alcanzará con “el desarrollo sostenible” para las generaciones presentes y futuras, sostuvo la Consejero de Estado.
Por el momento, ha quedado como una tarea pendiente dar respuesta a los 624.000 refugiados rohinyá que han tenido que huir a Bangladesh ante la apabullante arremetida del ejército local.
El Obispo de Roma, por su parte, le aseguró que el futuro de la paz “está todavía en manos de los jóvenes de la nación”. “Ellos son un regalo que hay que apreciar y alentar”.
El Papa también se reunión antes en privado con el líder del budismo birmano, Sitagu Sayadaw. Encuentro que se realiza en la línea del pontificado por “esfuerzo para promover la paz y la coexistencia fraternal como único camino hacia adelante”, indicó Greg Burke, director de la Sala de Prensa.
El líder budista, Sitagu es también clave para una reconciliación que pasa por detener el nacionalismo que utiliza la religión para justificar la persecución de los ‘no budistas’ y que alimenta las acciones de las fuerzas armadas en la frontera con Bangladesh.

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