Razones para celebrar tu cumpleaños
En un mundo donde el tener más años es sinónimo de vejez, fealdad y deterioro, quizá soy de las pocas mujeres a las que le emocione tanto cumplir años. Y sì, ¡me encanta, me fascina hacerme cada año más vieja! Tanto me gusta que el mundo goce conmigo el día de mi nacimiento que de un tiempo para atrás y para evitar sentimentalismos absurdos de que alguien querido por mi corazón no se acuerde de mí el día 6 de septiembre yo, ni tarde ni perezosa, antes de que se llegue mi tan esperado día le mando un atento recadito recordándole que me felicite. Eso sí, si me quiere felicitar, qué padre y muy agradecida. Si no, por mí no quedó y no pasa nada.
Hay que aligerarnos la vida. Pienso que así nos la hacemos más sencilla. Sobre todo, hay que agradecer tanto por las personas que siguen a nuestro lado como por las que eligieron marcharse porque todas, de una manera u otra, han dejado huella, unas que otras cicatrices, pero todas lecciones de vida.
Hay tantísimo de que dar gracias cada vez que cumplimos años. Para comenzar, tú y yo somos el sueño de Dios. No dije “un” sueño como artículo determinado, dije “el” -indeterminado-. Somos únicos e irrepetibles a los ojos de nuestro Creador y somos su sueño, su proyecto. Cada uno con una misión muy específica a la cual le comenzamos a dar forma desde el día en que nacimos. Obviamente que desde que fuimos concebidos esa misión ya viene con nosotros, pero cuando nacemos esta comienza a tomar forma. Al estar en este mundo nos convertimos en los pies y en las manos de Dios. Claro, si le permitimos que Él sea el arquitecto de nuestra vida.
Estoy a pocos años de entrar al 5to. piso de mi vida y desde hace 3, mis cumples han tomado otro significado, aún más valioso. Tengo una razón hermosa -aparte de seguir con vida- por la cual dar gracias a Dios ese día: volví con mi esposo, reestructuré mi matrimonio y salvé a mi familia. Devolví a mis hijos la vida que les había arrebatado, vida que les había arrancado cuando decidí divorciarme de su papá.
Aún divorciados, mi esposo nunca dejó pasar por alto una fecha especial. Cada día de las madres y cada cumpleaños tenía algo especial para mí aunque ya no estuviéramos juntos. Hoy que lo veo en perspectiva con certeza puedo afirmar que solo un hombre de Dios hace lo que él hacía, serme fiel aún en estos detalles.
Y bueno, ese cumpleaños no sería la excepción y me invitó a cenar a un lugar muy romántico. A pesar de yo no querer aceptar la invitación porque no toleraba estar cerca de él, accedí solo para darle gusto. ¡Limosnera y con garrote! Terminó la cenita y me pidió que lo acompañara a ver las estrellas desde el mirador del hotel donde estábamos cenando. De verdad, yo no me olía nada de todo lo que él me tenía organizado.
Íbamos rumbo al dichoso mirador cuando me pide que cierre los ojos porque él me dirigiría. Así lo hice y cuando por fin los pude abrir, ahí estaba con él, en una hermosa suite nupcial preciosamente decorada, llena de velas, rosas, la cama llena de pétalos en forma de corazón, la balada de nuestra boda –“Nothing´s gonna change my love for you”- que quienes la hayan escuchado saben que es una promesa de amor eterno.
Yo me quise ir para atrás cuando vi el cuadro. Ahí estaba mi esposo pidiéndome que volviera con él. Mi único pensamiento fue: “Dios mío, yo no siento amar a este hombre. Lo único que me inspira es asco. Pero si tu voluntad es que este matrimonio se salve, que se haga tu voluntad y no la mía”. Y simplemente me dejé llevar, me entregué a la voluntad de Dios y por un acto de obediencia y fidelidad a una promesa sacramental ese día volví con mi esposo. Repito, no “sentía” amarlo. Y lo pongo entre comillas porque hoy en día esa palabrita cómo está destruyendo matrimonios.
En ese momento lo que hice fue llorar a mares y no porque mi corazón se sintiera emocionado ni lleno de amor, sino porque yo iba en contra de mi voluntad. Lloraba porque sabía que estaba haciendo lo correcto -a la consciencia no la podemos engañar-, pero eso correcto a mí no me gustaba, me chocaba, iba en contra de mis planes… Pero no de los de Dios. Y como Él es un Dios de amor, siempre fiel a sus promesas, a partir de ese momento, de esa noche, los milagros comenzaron a suceder. Es por eso por lo que mis cumples han tomado un significado distinto. Si antes gozaba mi día, hoy lo recontragozo. Celebro mi vida y la vida de mis hijos, la de mi familia entera. Devolví a mi marido y a mis hijos los deseos de vivir… Y solo por ser obediente a Dios yendo en contra de mi voluntad.
Hay muchísimas razones por las cuales hay que celebrar tu cumple. No necesitas tocar fondo como yo para que tu cumpleaños sea un día por demás especial. Cada cumpleaños tiene un significado de más peso que el del año anterior.
Como ves, hay mucho de que dar gracias el día de tu cumple. Recapitula lo que fue tu año; abrázate con muchísimo amor y date las gracias por todos los obstáculos y las crisis que -con la ayuda de Dios- pudiste vencer y superar. Olvídate de nostalgias y de tristezas, de recuerdos melancólicos. ¡Goza tu día! ¡Festeja tu vida! Enfócate en los que sí están y que siguen gozando de tu presencia. Agradece cada llamada, cada mensaje, cada palabra como si este fuera a ser el último cumple de tu vida… Y así cada año…

Envíe un comentario