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El presidente de los obispos franceses en Notre Dame d’Afrique para la Asunción

En los años sesenta llegó a Provenza como un don del arzobispo de Argelia a los «pies negros», los franceses de Argelia obligados a volver a la «madre patria» después del final de la guerra. La estatua de Notre Dame d’Afrique (una copia de la imagen mariana con la piel negra venerada en la gran basílica de Argelia) los habría acompañado en su nuevo y fatigoso inicio. Ahora, en cambio, en este 2016 dramático para Francia, la misma imagen se convierte en el símbolo de una paz más fuerte que la violencia. De hecho, frente a la estatua de Carnoux-en-Provence el presidente de la Conferencia Episcopal de Francia y arzobispo de Marsella, monseñor Georges Pontier, presidirá la Misa de la Solemnidad de la Asunción el 15 de agosto, día en el que la Iglesia gala decidió dedicar este año una oración especial por Francia.

La decisión de monseñor Pontier pretende ser un paso más en el diálogo entre los cristianos y musulmanes, después del gesto de los imanes y de los fieles musulmanes (tras el asesinato del padre Jacques Hamel) participaran el pasado 31 de julio en las Misas para expresar su cercanía a la comunidad católica francesa y para condenar la violencia yihadista. Notre Dame d’Afrique, efectivamente, habla la lengua del encuentro: por voluntad del cardenal Charles Lavigerie, que mandó construir la basílica en 1872, en el ábside de Argelia se lee la invocación a la Virgen: «Reza por nosotros y por los musulmanes». Y también por este motivo la gran iglesia frente al mar fue durante un largo periodo un lugar muy amado también por argelinos musulmanes.

Mientras tanto, Carnoux-en-Provence se fue transformando con el paso del tiempo en un lugar de paz. Y lo recuerda en el sitio de la Conferencia Episcopal francesa el obispo auxiliar de Marsella, monseñor Jean-Marc Aveline, que conoce muy bien este lugar por su experiencia personal. Él mismo proviene de Sidi-Bel Abès, en Argelia, en donde nació en 1958 y desde donde partió en 1962 en compañía de su familia. «Poco a poco —cuenta— Notre Dame d’Afrique derramó en nuestras memorias heridas el bálsamo de la reconciliación. Y hoy podemos ofrecer el testimonio de que es posible una fraternidad entre cristianos y musulmanes, como cuando vivíamos juntos bajo el sol generoso de Constantine, de Orán o de Argelia. Carnoux —concluyó— es algo más que un pequeño pueblo; es un mensaje de esperanza y de fraternidad».

Y es el mensaje que la Iglesia francesa quiere lanzar en este 15 de agosto de 2016, después del horror de Nizza y de Saint’Etienne-du-Rouvray (Ruan).En Carnoux-en-Provence, en todas las diócesis francesas y en el Santuario de Lourdes, en donde, a pesar de la alarma por la seguridad, se llevará a cabo como todos los años el gran peregrinaje nacional de la Asunción. «La oraci por Francia —escribió monseñor Pontier a los fieles franceses— a menudo ha tenido un lugar particular el 15 de agosto para los católicos. En esta fiesta de la esperanza invitamos a tener presente esta intención en las oraciones universales de las Misas y a repicar las campanas al medio día. Que Dios bendiga nuestro país —concluyó el religioso— en esta prueba que está atravesando».
 

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