Header Ads

¿Qué hacer para que los niños puedan dormir en paz?

Es cierto que la calidad del sueño depende en parte del temperamento, la constitución física, el estado de salud y las circunstancias externas, pero nuestro sueño también depende de nuestra capacidad de abandonarnos, de detenernos. Dormir es “tener el valor de no hacer nada”. ¿Fácil? No estoy tan segura.

pixabay

Así que hay que saber dejar de jugar pero también dejar de trabajar a la hora de dormir, incluso si crees que nos has estudiado lo suficiente para el examen de mañana. Aprender a dormir también significa descubrir que hay un tiempo para todo.

Cuando llega la hora de dormir, mi deber -es decir, mi manera de decirle a Dios que lo amo- es dormir. Dios, en todo momento, se entrega a mí completamente y espera que yo responda de la misma manera, entregándome completamente. Cuando me llama a dormir, me pide que ponga todo de nuevo en sus manos para entregarme verdaderamente al sueño, así como un niño muy pequeño se rinde completamente a los brazos de su madre.

Aceptar parar, poner todo en manos de otra persona, requiere una confianza real. Y esta confianza se aprende desde una edad temprana. Incluso los más pequeños pueden tener preocupaciones y ansiedades que los mantienen despiertos: miedo a la oscuridad o a la tormenta, miedo a un “monstruo” en el armario.

A estos temores se suman, a lo largo de los años, los problemas relacionados con la escuela y todas las dificultades de la vida. Nos corresponde a nosotros, padres, despertar a los hijos a la presencia de Aquel que nunca nos deja solos. Es esencial que los niños sepan que en cualquier momento del día o de la noche, Dios está allí, los ama, los cuida y los escucha.

Dios, pero también la Virgen María, los santos y los ángeles, que son tantos amigos a los que podemos confiar nuestras preocupaciones, temores, preguntas… en lugar de meditar a solas sobre nuestras inquietudes.

Jaren Jai Wicklund | Shutterstock

Poner fin a las dificultades de la hora de acostarse

Un objeto puede ayudar a los pequeños a recordar esta presencia de Dios: cruz, medalla, rosario… Algunos padres se niegan: “Es peligroso reducir la Fe a objetos, como los fetiches de la suerte”. ¿Superstición? No. Para entenderlo, basta con compararlo con el “peluche” favorito del niño, que lleva a todas partes porque le recuerda el olor de su madre. Si este “peluche” ayuda al niño a dormirse porque evoca la ternura materna, ¿por qué un rosario o una cruz no pueden evocar la ternura divina de la misma manera?

La calidad del sueño también depende en gran medida de los momentos previos a la hora de acostarse. Al final del día, evite los juegos con mucho ruido. Es mejor reemplazarlos por actividades más tranquilas. El silencio (al menos relativo) permite a los más pequeños dormir sin ser molestados por la música o la televisión.

DZIECKO PRZYNOSI RADOŚĆ

Brytny.com/Unsplash | CC0

“Nunca se duerman sin besarse”

Hay otro punto: el perdón. Una abuela siempre daba este consejo a sus nietos: “Nunca se duerman sin besarse”. Esto hace que una de sus nietas diga: “Creo que la abuela nos ha salvado del insomnio al invitarnos a perdonar”. Por lo tanto, nunca se debe acostar a los niños con enfado hacia ellos, y viceversa.

Tampoco debemos descuidar la oración de la noche. Es ella la que nos lleva al perdón o a poder pedirlo, porque es el momento en que podemos entregarnos a la misericordia de Dios, lamentando nuestros pecados. Y es Él quien nos da la habilidad de saber perdonar y pedir perdón.

La oración de la noche también es la oración de Simeón: “En tus manos, Señor, encomiendo mi vida”. Se puede recitar o, mejor aún, cantar porque es más fácil de memorizar y la música contribuye a la calma.

Por último, no olvidemos nunca que la calidad del sueño de nuestros hijos depende ante todo de nuestra capacidad de entregarlos en las manos de Dios cada noche.

Christine Ponsard

No hay comentarios.

Con tecnología de Blogger.