Papa Francisco: El obispo, un administrador de Dios, no un hombre de negocios
Antoine Mekary | ALETEIA | I.Media
Homilía hoy en Casa Santa Marta
Humilde, manso, y no un príncipe. En la homilía de la Misa en Casa Santa Marta, el Papa dibujó el perfil, ideal de un obispo, comentando la Carta de San Pablo a Tito, hoy que la Iglesia celera la memoria de san Josafat, obispo y mártir.
Fervor y desorden son las dos palabras que el Papa usa para contar cómo nació la Iglesia, recordando también las “cosas admirables” llevadas a cabo. “Siempre hay confusión – afirma – la fuerza del Espíritu, desorden, y no debemos asustarnos” porque “es un buen signo”.
Nunca la Iglesia ha nacido toda ordenada, todo en su sitio, sin problemas, sin confusión, nunca. Y esta confusión, este desorden, debe ser arreglado. Es verdad, porque las cosas deben ponerse en su sitio; pensemos, por ejemplo, en el primer Concilio de Jerusalén: había una lucha entre judaizantes y no judaizantes … Pensemos bien: hacen el Concilio y ponen las cosas en su sitio.
Por esto – subraya el Papa – Pablo deja a Tito en Creta para que ponga orden, recordándole que “lo primero es la fe”. Al mismo tiempo, da criterios e instrucciones sobre la figura del obispo como “administrador de Dios”.
La definición que da del obispo es un “administrador de Dios”, no de los bienes, del poder, de las cordadas, no: de Dios. Siempre tiene que corregirse a sí mismo y preguntarse: “¿Soy un administrador de Dios o soy un hombre de negocios?”. El obispo es administrador de Dios. Debe ser irreprensible: esta palabra es la misma que Dios pidió a Abraham: “Camina en mi presencia y sé irreprensible”. Es palabra fundante, de un jefe.
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