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Una vida equilibrada es base para una vida exitosa

Siempre será más exitosa una persona que tenga bien educada su inteligencia emocional que aquella que tenga todos los estudios, postgrados, doctorados en las universidades de más prestigio, pero que se deja llevar por sus impulsos, arrebatos, que piensa con las vísceras y que no se detiene a meditar sobre sus acciones ni en las consecuencias de estas.

Es más, hoy en día las grandes empresas se basan más en los resultados arrojados en las habilidades pertenecientes a la inteligencia emocional del candidato que en las habilidades cognitivas.

A mayor nivel sea el puesto que se solicita en una organización, mayor es la importancia que se le da a la IE. Esto no significa que el IQ (coeficiente intelectual) o que el conocimiento técnico y demás no importen, claro que importan y mucho, pero al final del día estas son habilidades primarias, lo que en inglés se conoce como “threshold abilities”.

Por supuesto que el IQ es el indicador que mejor puede predecir qué tipo de trabajo puede una persona obtener y mantener. Aún así, una vez que se obtiene el puesto o el trabajo deseado, si queremos ser grandes líderes y realmente exitosos hay que manejar una IE equilibrada. Es decir, cómo nos manejamos personalmente, cómo hacemos frente a las crisis, cómo respondemos a las urgencias, cómo nos adaptamos a los cambios, cómo es nuestro manejo de grupos, qué tan efectivos somos en las relaciones personales, etc.

Comencemos por entender que todos los seres humanos somos una unidad de vida – cuerpo, mente y espíritu- la cual es inseparable. El balance entre estas 3 partes fundamentales de nuestro ser es necesario para experimentar ecuanimidad y que esta nos ayude a alcanzar cualquier meta soñada. Cuando hablo de balance no quiero decir que a cada parte hay que darle un 33.33% de nuestros cuidados hasta completar el 100, sino que a cada parte hay que nutrirlo, cultivarlo al 100%

Inteligencia. Atributo o capacidad superior que todos poseemos y que hay que utilizar hacia “el bien”.

Ser inteligente acerca de nuestras emociones es una habilidad que siempre nos traerá consecuencias favorables, además de que es bueno para la salud. Hace poco vi un programa con Daniel Goleman -padre de la inteligencia emocional- y comentó que se hizo un análisis con personas de más de 100 estados emocionales distintos.

Los resultaros arrojaron que las personas que están crónicamente alteradas o pesimistas, irritables, tensionadas o angustiadas presentan dos veces el riesgo de desarrollar una enfermedad grave, porque, entre muchos otros factores, presentan un sistema inmunológico débil.

Debilidad en las emociones, debilidad en el organismo. Así que una clave para manejar la tensión en nuestra vida y recuperar la salud está en buscar y encontrar formas para calmarnos, tranquilizarnos y vivir en paz y armonía. Y no hablo de yoga, ni de ese tipo de meditaciones que nos quieren poner la mente en blanco y demás ni de nada esotérico con olor a la Nueva Era, sino de prácticas básicas que a partir de que sale el sol se pueden comenzar a hacer desde la comodidad de la cama, como respirar lentamente trayendo a la mente pensamientos de gratitud y haciendo oración.

Hay tres ventanas de oportunidad cuando se trata de manejar la tensión en nuestras vidas y regresar al equilibrio:

La primera es hacer algo para mejorar las cosas, lo que sea la causa de la tensión.

La segunda es la manera en que cada uno de nosotros vemos las cosas. Es decir, cambiar la forma en que percibe lo que está sucediendo.

La tercera es que si no podemos cambiar ninguna de estos dos, lo que sí podemos es manejar cómo reacciona nuestra mente y nuestro cuerpo hacia el evento.

Recordemos que la tensión y el problema no se encuentra tanto en las cosas de nuestra vida diaria, sino en la actitud que tengamos tengo hacia ellas. Es decir, en cómo reaccionamos hacia los hechos que nos suceden. Puede ser que no podamos hacer nada en cuanto a los eventos que nos pasan, muchos simplemente llegan. Pero lo que sí podemos es tener control de cómo reaccionamos frente a ellos.

Para todo esto se puede hacer un ejercicio así: buscar algún método de relajación enfocándonos en nuestra respiración. Si vuelve otro pensamiento que no nos está sumando no hay que pelearlo, sencillamente volvemos a enfocarnos en la respiración, en el aquí y ahora. También podemos utilizar frases positivas que nos evoquen esperanza y tranquilidad como “todo está bien” o “todo lo puedo en Cristo que me conforta”, “Si Dios conmigo, quién contra mí”. O bien, algún tipo de oración que nos inspire llegar hacia la paz.

Cuando mis hijos eran pequeños yo solía perder el equilibrio y soltaba de gritos. Entones, me di cuenta de que lejos de enseñarles a vivir en paz y en armonía, estaba logrando todo lo contrario. Comencé a hacer el ejercicio del semáforo con ellos, aunque también lo practicaba yo solas.

Cuando estaba alterada o podía hacer algo que me pudiera meter en problemas recordaba la luz roja. Si este cambio de ánimo me pasaba delante de alguno de ellos, de inmediato me decían: “Alto. Detente y piensa antes de actuar”. Con esa señal yo me detenía a controlar mis impulsos para así calmarme.  Yo le mandaba la señal a mi cerebro de que había que manejar mis impulsos, mis sentimientos y pensar antes de actuar.

Esto nos enseña que nosotros no podemos controlar lo que vamos a sentir, lo que sí podemos controlar es cómo vamos a reaccionar hacia eso que estamos sintiendo. Hay que conocer nuestras emociones y usarlas de manera inteligente. Este tipo de ejercicios es a lo que llamamos inteligencia emocional y es poner nuestras capacidades al servicio de nuestras emociones. Lo contrario sería torpeza espiritual. Al estar logrando tener un equilibrio, tenemos más y mejor capacidad de poner las cosas en su justo medio, de dar valor a lo que realmente tiene valor, a todo eso que nos suma y nos hace crecer como personas dignas.

Siempre que tengamos un para qué, encontraremos el cómo. ¿Para qué nos conviene tener una vida en equilibrio, con las prioridades bien definidas? Para ser felices, vivir en paz, servir y así lograr el éxito.

Hay hábitos básicos que las personas con alta EQ tienen y viven en su vida diaria.

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