El impacto de la pornografía sobre el matrimonio y la familia
Varios estudios han demostrado que el consumo de pornografía daña el cerebro, dado que hay “una relación negativa entre la cantidad de horas que los sujetos ven porno y la cantidad de materia gris que se encuentra en una zona del cerebro involucrada en el aprendizaje y la memoria”, según uno de ellos.
Siendo esto así, no es de extrañar que diferentes estudios lleguen a la conclusión de que la adicción al porno causa estragos en las relaciones de pareja, el matrimonio y la familia. Así lo constatan otros informes que analizan el masivo consumo de pornografía en el seno de muchos hogares.
Estos son algunos de los efectos dañinos para las parejas como causa de la adicción a la pornografía: egoísmo, aislamiento, infidelidad, insatisfacción matrimonial, desconfianza, degradación de la mujer, destrucción de la autoestima, depresión, estrés y ansiedad.
En septiembre de 2015, el portal ‘Sorpresas para tu pareja’ informaba sobre los efectos perniciosos para el matrimonio cuando uno de los componentes de la pareja, habitualmente el hombre, es adicto al consumo de pornografía; y añadía que esa adicción “está destruyendo matrimonios”.
Recordaba que ya en 2004 la doctora Jill Manning, licenciada en terapia matrimonial y familiar y especializada en trabajar con individuos afectados por adicción sexual o pornografía, constató que el 56% de los casos de divorcio involucraban a una parte de los dos componentes de la pareja teniendo un interés obsesivo en páginas pornográficas.
Al mismo tiempo, exponía hasta 10 razones por las que la adicción a la pornografía puede llegar a destruir un matrimonio.
Por otra parte, el 26 de mayo de 2015, el Padre Miguel Ángel Fuentes, sacerdote del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), hacía unas reflexiones sobre las Incidencias de la pornografía en el matrimonio y la familia, basadas en la conferencia que pronunció en el IVº Congreso de Psicología del Sur Mendocino, en la ciudad de San Rafael, el 16 de mayo de ese mismo año, en las que analizaba las consecuencias que la pornografía causa en el matrimonio y en la familia.
El padre Fuentes considera que la pornografía “no tiene otro objetivo, de parte del consumidor, que el placer personal y egoísta, a costa de la degradación ajena”.
Además, en su conferencia hizo referencia a los efectos directos de la pornografía sobre el matrimonio y los cónyuges.
Coincidiendo con el análisis del estudio mencionado anteriormente, una de sus conclusiones es que, en el caso del consumidor, “la pornografía causa en el varón casado un aislamiento de su esposa, un menor interés en las relaciones sexuales normales, una menor apreciación de los valores morales, espirituales, afectivos y humanos de sus esposas, y una concentración en el aspecto físico”. Y todo ello “lo lleva al secretismo, a la mentira, a la doble vida”.
Al mismo tiempo, las esposas de los consumidores “desarrollan, efectivamente, profundas heridas psicológicas, caracterizadas por sentimientos de traición, desconfianza, devastación e ira, tanto si descubren que su esposo está involucrado en esta actividad como si ellos le confiesan su problema”.
También “comienzan a sentirse poco atractivas o sexualmente insatisfactorias, en algunos casos porque sus mismos maridos las culpan de ‘estar muy cerradas a experiencias sexuales nuevas’ y de ‘centrarse demasiado en sus hijos y no atender a las necesidades de sus maridos’”, lo que lleva generalmente a la depresión.
“Otro efecto sobre la esposa relacionado con la pornografía es la violencia sexual, que es uno de los modos en que se ejerce la ‘violencia doméstica’ o ‘intrafamiliar”, añade.
El padre Fuentes advierte de que “algunas de las incidencias de la pornografía afectan a ambos cónyuges simultáneamente”. Por ejemplo, la insatisfacción, pérdida de interés en la relación con su pareja y la infidelidad son algunas de las consecuencias del cibersexo.
En ese sentido, “el matrimonio se va reduciendo, progresivamente, a lo sexual; y se duda cada vez más del valor del matrimonio como institución social esencial y sobre su viabilidad en el futuro”, afirma.
Todo ello suele producir en muchas ocasiones situaciones de aislamiento, incertidumbre y falta de comunicación dentro del matrimonio, lo que, antes o después, puede conducir al divorcio.
También hace hincapié en los problemas de dependencia que genera la adicción a la pornografía. “La pornografía genera fácilmente adicción, con todo el problema que una dependencia de este tipo conlleva. Y las adicciones involucran con mucha frecuencia a todo el entorno creando codependencia”, apunta.
En sus conclusiones, el padre Fuentes advierte de que la pornografía “es un fenómeno que degrada y daña profundamente al ser humano, y en particular a la mujer, principal objeto pornográfico. Altera la auténtica noción del hombre y de la mujer. Produce insensibilidad ante la desviación psíquica, moral y legal, aumenta la hostilidad y la violencia individual y social, especialmente la relacionada con la actividad sexual. Provoca tendencias autodestructivas e incluso puede inducir al suicidio”.

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