La desprestigiada maternidad

La desprestigiada maternidad

Por Mónica MUÑOZ |

Se acerca otro 10 de mayo y como cada vez que ocurre esto, los hijos de todas las edades buscan desesperadamente un regalo para complacer a la persona que les ha dado la vida. Por eso vemos los centros comerciales abarrotados de gente que acude a adquirir juegos de sartenes, ollas, licuadoras y cuanto objeto ven, para salir del paso con el obligado obsequio.  Deberían pensar mejor en dar algo para uso personal de las santas que se desgastan a diario en el trabajo y los quehaceres domésticos, como ropa o cosméticos, o bien prepararle una comida especial en la que ella no trabaje para nada, ni siquiera para recoger sus platos.  Vamos, que resulta que en lugar de sentirse contenta, se ve agobiada porque debe atender a los hijos que llegan a comer con ella para “festejarla”.

Sí, nuestras madres son esos seres que todo el año rompen marcas para convertirse en profesionales en diversas ramas del conocimiento, sobre todo si tienen niños pequeños y hay que ayudarles en sus tareas escolares o estar al pendiente de ellos cada vez que se enferman. No por nada se han hecho extensos escritos en su honor, algunos dulces, otros cursis, pero todos inspirados en la entrega generosa y el gran amor que solamente la maternidad logra alcanzar.

Pero, a la par de los sacrificios que millones de mujeres se atreven a hacer por sus hijos, es penoso encontrarse con el otro lado de la moneda, aquel que es un indicador de que la maternidad, cada vez con más frecuencia, está siendo desprestigiada y devaluada por los jóvenes, hombres y mujeres, que no quieren adquirir compromisos serios.  Y vaya que el mundo está tomando rumbos inimaginables.  Lo digo no sólo por la cantidad de violencia de la que todos somos testigos en las calles y que los medios de comunicación presentan como “noticias”, también lo hago porque quienes usan las redes sociales ya no hacen distinción entre lo bueno y lo malo, ni les interesa depurar los contenidos de lo que presentan en sus páginas, por lo que creen que lo que está de moda es sano y necesariamente debe ser aceptado por la sociedad; es ahí, pues, donde están surgiendo casos de mujeres que no desean convertirse en madres. Numerosos motivos las orillan a tomar esta decisión, que van desde dedicarse sin estorbos a sus carreras hasta el  simple deseo de vivir libres de ataduras. Hace poco me enteré de que una joven de 30 años de edad se había sometido a una histerectomía para nunca embarazarse. A mi modo de ver, lo más escandaloso fue que muchas jóvenes aplaudían la extrema decisión de la chica, que anteriormente ya había pasado por un aborto.

Esto me hace reflexionar sobre la decadencia de esta generación y la triste devaluación que está sufriendo la vida, ya no es raro observar que la gente se siente más indignada ante el maltrato de un animal que ante el de un ser humano.  Es cierto que en México aún estamos hablando de una minoría, porque por fortuna, nuestro país es una de esas rarezas en las que la familia tiene mucho peso, sin embargo, ese valor ha ido modificándose con los años para pasar del modelo madre-padre-hijos-abuelos y parientes a familias monoparentales o familias mixtas, incluyendo a la mascota como un miembro más.

En la actualidad sería necio voltear la vista para no ver esta realidad, que se convierte en el pan de cada día en todo México.  También lo sería creer que no existen problemas respecto a las parejas que deciden unir sus vidas sin casarse, por miedo al fracaso o quizá para evitarse los trámites de un matrimonio o en el peor de los casos, de un divorcio.  Y también es inútil negar que cuando la pareja tiene hijos y se separa, los pequeños son los que cargan con la peor parte.

Creo que es necesario ayudar a las parejas a fortalecer los valores que los han unido como personas, a rescatar aquello que los hizo enamorarse y desear estar juntos, así como a ver que son parte de una familia en la que deben aprender a afianzar los lazos de sangre que los unen y a sentirse orgullosos su ascendencia: padres, abuelos, bisabuelos, para que deseen dejar descendencia.  Es urgente que quienes trabajan en el gobierno y en las iglesias entren al tema del amor sin complejos ni prejuicios, destacando el valor del cuerpo humano y el respeto que éste se merece, pues partiendo de esa base, considero que las familias tendrán lo necesario para entender que cada miembro que la integra es único, valioso y digno de ser amado, y por lo tanto, de ser respetado porque tiene inteligencia, libertad y voluntad.  Y que esos dones que le han sido entregados por Dios, deben ser protegidos por sí mismo y por cada integrante de la familia a la que pertenece. Consecuentemente, llegarán a la conclusión de que las personas con las que convive, también son valiosas, dignas y respetables.

Si lográramos crear conciencia al respecto en toda la gente, cambiaría la situación de nuestro país y nuestras familias.

Y volviendo al tema de la maternidad, veríamos con reverencia el misterio de la vida dentro del vientre, que se va gestando de a poco durante nueve meses para culminar en el nacimiento de un ser único, mezcla de dos personas que se han amado tanto que no podían expresarlo mejor que en la generación de un nuevo ser en el que se verán perpetuados.  Ese es el maravilloso ciclo de la vida.   Y nuestras madres han sido protagonistas de esa historia en la que nosotros llegamos a habitar este planeta.  Con toda justicia, rindamos homenaje a ellas, vivas o difuntas y deseémosles larga vida en la tierra y una eternidad en el cielo.

Gracias a todas las mamás, a quienes sinceramente les deseo un feliz día.

 

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