El mundo nos lo estamos acabando nosotros

Por Mónica MUÑOZ |

“Hemos llegado a tal punto, que yo creo que ahora sí se va a acabar el mundo”, dijo una mujer en tono de alarma al enterarse por las noticias del derretimiento de los polos, deshielo que ha llegado a cifras históricas debido al aumento de temperatura en el planeta.  Y que, por cierto, ha sido motivo de reuniones internacionales para buscar soluciones al calentamiento global, del cual podemos atestiguar todos, pues es verdad que llega la época de calor pero también lo es que cada temporada se siente más agobiante que la anterior.

Por eso se han tomado medidas para disminuir la contaminación ambiental como limitar el uso del automóvil y utilizar el transporte público, pero si se quiere ser más ecologista, hay que usar la bicicleta, lo cual me parece de mucho riesgo en nuestras ciudades, pues también debería apoyarse su uso con la concientización de automovilistas y conductores de microbuses, que poco respetan a los ciclistas.  Aunque, dicho sea de paso, muchos de los usuarios de moto y bici creen que pueden circular como les acomode y se avientan con sus vehículos en sentido contrario o haciendo zigzags entre los coches, dando muestras magistrales de su desconocimiento del reglamento de tránsito, haciendo peligrar sus vidas y las de otras personas.

También ha llegado la época de incendios, en muchas ocasiones espontáneos y otras veces provocados.  Con frecuencia vemos al heroico cuerpo de bomberos atravesar las ciudades para acudir a apagar las llamas.  Por eso se nos exhorta a ser cuidadosos con las fogatas hechas en el campo y la lumbre que se queda encendida en las casas, pues el clima seco facilita que se prenda pronto el material inflamable que pueda estar a su alcance.  A esto, hay que agregar la contaminación que el humo provoca al ambiente y si lo sumamos al que despiden los autos y los camiones, tenemos una cantidad considerable de gases en el aire que respiramos.

Pero eso no es todo.  La basura que la gente sigue tirando en la calle se convierte no sólo en desecho sino en tapón de las coladeras cuando llega la época de lluvias.  Las personas del departamento de limpia poco pueden hacer ante la inconciencia de los ciudadanos que no han comprendido que una envoltura, una colilla de cigarro o un palito de paleta también es basura.  Da tristeza ver nuestras calles pletóricas de bolsas de plástico, vasos desechables, cáscaras de frutas, cajas de cartón y cuantas cosas imaginemos, que se van acumulando en las esquinas cuando no pasa el camión del servicio recolector o que al retirarse deja tras de sí desperdicios que se han salido de las bolsas o fueron desperdigados por los perros que hicieron fiesta con ellos.

Y si nos ponemos a hablar del agua, ¡es otro gran tema para tratar con calma!, dentro de pocos años la guerra será por ella, pues no habrá suficiente para toda la población mundial y tal parece que a muchos eso no les afecta, pues se dan el lujo de dejar la llave abierta o llenar albercas de plástico para después tirar el vital líquido por la alcantarilla, sin pensar siquiera en los miles de personas que no la tienen para lo más indispensable como bañarse o lavar los trastes.  Hace unos días leía un comentario de una persona que felicitaba a otra por una actividad llevada a cabo con  niños, la cual involucraba muchos litros de agua.  Pero también, muy sutilmente hacía un justo reclamo, pues en su casa tenían dos semanas sin ella.

Es necesario que generemos en nosotros un sentimiento de solidaridad, se me ocurre decirlo de esta manera, porque es fácil creer que si se queda esa basura en la esquina o el humo en el campo o la lumbre lejos de nuestra casa o que el agua no nos falta, siempre será de la misma manera y que mientras eso no nos afecte, ¡que ruede el mundo!, porque los demás, los que sí se ven dañados, necesitan de nuestra comprensión y acciones concretas, el planeta es de todos y sufre, y, tarde o temprano, nos cobrará por el mal trato que le estamos dando.

Es verdad que la situación política, económica y social del mundo es preocupante, pero si no pensamos en la ecología y el medio ambiente, tendremos que preocuparnos más porque pronto no tendremos planeta donde vivir adecuadamente.  Por poner un ejemplo, las medidas tomadas en la Ciudad de México para abatir la contaminación no han dado los resultados esperados, así es que lo que los capitalinos respiran el equivalente al humo que entraría a sus pulmones si se fumaran cuarenta cigarros.  Nada alentador, ¿verdad? Eso sin mencionar los graves problemas que ya tienen por la falta de agua y otros que se van añadiendo a la lista.  Pero veámonos en ese espejo, si no comenzamos a separar la basura, barrer nuestras calles, guardar el coche para caminar, ahorrar agua y tomar otras medidas que se nos ha pedido para colaborar en el saneamiento del medio ambiente, pronto estaremos como nuestros hermanos de la Capital de nuestro país, si no es que peor, pues el estado de Guanajuato tampoco canta mal las rancheras en lo que respecta al agua contaminada.  Pensemos y actuemos.

 

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