¿Cómo llegar a la madurez sexual en el matrimonio?

Para intentar entender un poco sobre el tema, en primer lugar tenemos que comprender qué significa madurez, para posteriormente reflexionar sobre la madurez sexual en el matrimonio.

Según Maria Cristina Griffa y José Eduardo Moreno, en el libro Claves para la psicología del desarrollo, la madurez que implica la personalidad sólo puede alcanzarse en la edad adulta. El ser humano, diferente de los animales, no sólo vive, sino que dirige su vida, se orienta hacia un determinado camino.

Tener madurez personal no significa estar listo, sino buscar, descubrir tus cualidades, aceptar los límites y posibilidades tanto externos como internos. Es asumir la responsabilidad, es estar dispuesto a cuidar y a dejarse cuidar, es tener compromiso con uno mismo y con los demás, es tener autocontrol, es ser, en cierta forma, independiente, es analizar las opciones porque éstas tienen consecuencias, es tener cierto grado de autoconfianza, es buscar perdonar y ser perdonado, es tener otras características y, sobre todo, pensamientos y comportamientos que te hagan vivir de forma más auténtica.

Es importante subrayar que la madurez personal interfiere en la madurez sexual en el matrimonio.

En lo que se refiere a la madurez sexual en el matrimonio, tenemos un camino de madurez que no se da de un día para otro, este tiene un proceso, está presente en toda nuestra historia. Nuestra madurez sexual empieza en la concepción y camina durante toda nuestra vida. En la adolescencia, la manifestación de la sexualidad sucede más claramente y en la vida adulta puede vivirse de manera más madura, conforme a lo que veremos a continuación.

Todo ser humano en el periodo denominando “adolescencia”, tiene su impulso sexual orientado hacia todos lados, es decir, hacia otro distinto de él, en el caso del hombre orientado hacia las mujeres y las mujeres orientadas hacia los hombres y por eso él y ella se entrenarán en este periodo para mirar a su alrededor.

Este comportamiento de mirar a todos es muy importante, es un elemento esencial en este periodo, pues solamente a través de esta actitud la persona podrá un día encontrar a aquella o en el caso de la mujer, a aquel, que será de hecho el escogido. Por lo tanto es en esta etapa de la vida cuando se inicia la integración de la sexualidad con la afectividad en el ser humano.

Tras este proceso de mirar y desear a muchos, surge un tiempo nuevo, justamente cuando se encuentra a esa persona con la que nos casaremos. En este momento, ese tiempo de entrenamiento de la adolescencia no se deshace mágicamente, sino que inicia un nuevo entrenamiento, en que la persona deberá ejercitar constantemente la mirada hacia una única persona, que ha sido escogida para ser la esposa o el esposo. El desafío de los casados es mantener la “mirada” hacia una única persona, la persona amada que escogió.

Según Viktor Frankl, una persona madura sexualmente es aquella que logra canalizar su impulso sexual hacia una única persona del sexo opuesto. Y frente a este nuevo entrenamiento, la persona irá madurando, creciendo sexualmente en el matrimonio.

Podemos decir que el impulso sexual es una energía, en este caso una energía sexual orientada hacia una meta, una finalidad. El impulso sexual está presente en todos los seres humanos, que son alimentados con fantasías de contenido sexual.

Por lo tanto, ser sexualmente maduro es ser capaz de canalizar este deseo, impulso sexual, y como consecuencia sus fantasías sexuales hacia la persona con la que nos casamos. Pero mantener el impulso, el deseo, las fantasías hacia el esposo o esposa, no es como un cuento de hadas. Debe ejercitarse. Esto es un entrenamiento.

Al mirar fuera del matrimonio, a otras personas que no dejarán de ser atractivas, el esposo o la esposa deberá evitar ese impulso hacia otros, y orientarlo nueva y constantemente hacia el cónyuge.

No es una tarea fácil, ni para hacerse en un día. Debe entrenarse diariamente como está expuesto arriba. El matrimonio es esta oportunidad que la vida nos da para ejercitarnos y alcanzar la madurez sexual.

1 – Reconocer y trabajar las tendencias hacia la traición provenientes de la historia de vida.

2 – Replantear a través de un proceso de sanación las fantasías adquiridas a lo largo de la vida a partir de la adolescencia. Muchos han utilizado medios para producir fantasías, como videos y películas pornográficas, imágenes, etc. A partir del matrimonio no todas las fantasías son posibles. Muchas de ellas hacen que los esposos no se sientan amados.

3 – Mirar diariamente a la persona escogida, buscando descubrir lo que ella tiene de atractivo sexualmente. Ninguna persona necesita tener un cuerpo perfecto para ser deseada, los cónyuges deben acompañar las transformaciones físicas que ocurren con el tiempo. Siempre existe algo atractivo.

4 – Buscar la reconciliación: herir puede alejar a la pareja de la vivencia sexual.

5 – Buscar el enamoramiento: los cónyuges deben promover el enamoramiento, avivando el romanticismo entre ellos. La afectividad humaniza y potencia la sexualidad.

6 – Diálogo sexual: es importante conversar siempre respecto a la sexualidad. Esta conversación debe ocurrir antes, durante y después del acto sexual. Dentro de esta realidad del diálogo sexual surge una pregunta: ¿conoces y respetas la historia sexual de tu cónyuge?

Una pareja madura sexualmente no se trata mutuamente como objeto de placer, en el que solamente se quiere satisfacer las necesidades fisiológicas; no utiliza al otro como una cosa, un objeto, sin respetarlo; no lo obliga a ciertas prácticas que lo llevan a una percepción despreciativa de sí.

La pareja sexualmente madura no se masturba en el otro. La pareja sexualmente madura es aquella que entiende la sexualidad como un bien compartido que hace que ambos se sientan uno.

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