Adolescentes acomplejados: 5 ideas para ayudarles a amarse

Adiós infancia, hola pubertad. Sus cuerpos cambian descontroladamente, sus notas se tambalean, sus amores patinan… y nosotros, sus padres, nos sentimos desvalidos ante sus signos de malestar. Orejas despegadas o malas notas, los complejos contaminan la vida de los adolescentes. ¿Cómo ayudarles a aceptarse e incluso lograr quererse a sí mismos en un mundo que ensalza la perfección? Proponemos 5 ideas para probar en familia para hacer sus vidas más gratas.

Aunque se den aires de pensar que sus padres no saben de nada, los adolescentes mantienen una cierta forma de admiración hacia sus progenitores. Buena noticia para nosotros, pero quizás una carga para ellos. Jordan, de 19 años, está repitiendo en bachillerato y se encoge bajo la mirada de su padre: “él siempre ha tenido éxito, yo siempre fracaso”. Un desánimo que puede servir de excusa para una falta de trabajo, pero que hay que tener muy en cuenta.

Es necesario que Eric, ese padre tan admirado, le hable a su hijo de sus fracasos de joven, por ejemplo, con el deporte, que se le daba fatal. Era bueno en matemáticas, pero francamente inútil con una pelota o corriendo. Esta confesión ha permitido a Jordan renovar una relación más cómplice con Eric, ya que siente menos temor a decepcionar a su padre.

Emma detesta las redondeces de su cuerpo y se viste, sea verano o invierno, con gruesos jerséis que les coge a sus hermanos, algo que exaspera a su madre, que no puede evitar hacerle comentarios al respecto. Françoise Dolto, famosa pediatra y psicoanalista francesa, destacó, en su libro Palabras para adolescentes o el complejo de la langosta, hasta qué punto un adolescente se debilita en su proceso de cambio. La ropa les protege, les ayuda a integrarse en un grupo, les procura ese sentimiento de pertenencia que los adolescentes necesitan para superar sus complejos.

¿Qué padre no ha señalado primero las malas calificaciones cuando lee las notas de un hijo? Puede parecernos normal aprobar un examen de matemáticas, pero corremos el riesgo de desanimar a los que se esfuerzan mucho por sacar una buena nota. Sophie Delalonde, en formación en la asociación Estimame, dirige talleres de autoestima en un colegio de Yvelines, Francia.

Según afirma: “los comentarios de los docentes y los padres sobre las notas son a veces terriblemente hirientes para los adolescentes que oriento. Algunos tienen la impresión de no ser más que un alumno para sus padres y de hablar únicamente de las notas en casa. Lo que más necesitan es ser valorados, ver lo positivo, incluso en un boletín de notas decepcionante para los padres”.

Tampoco se trata de dulcificarlo todo, pero hay que saber señalar también los progresos y autorizar al joven a estar orgulloso. No es un engaño, sino un medio de darles confianza en sí mismos. ¿Os faltan ideas para felicitar a un adolescente? Preguntad a su padrino o su madrina por cinco cualidades que les encuentran, es una buena manera de cambiar de perspectiva y encontrar algo positivo que quizás pasasteis por alto.

Jean Monbourquette, psicólogo canadiense, insiste: “por nuestra educación nos han acostumbrado a las comparaciones, a menudo desfavorecedoras, y nosotros continuamos haciéndolas con nuestros hijos”. Encontrar alivio en sentirse superior a los demás no sirve de nada.

Compararse con uno mismo, porque cada uno es único, evita la dependencia de los demás y permite mantener una mirada positiva sobre uno mismo. De este modo, un adolescente podría progresar en deporte, otro en canto o en puntualidad o en orden. Dar más importancia a sus progresos personales permite quitar el foco de un defecto o un fracaso acomplejante.

Incluso cubiertos de acné y en pleno fracaso escolar, algunos adolescentes  parecen sentirse mejor consigo mismos que otros. ¿Su secreto? Saben reconocer sus cualidades. “Es un gran momento con mi grupo de jóvenes”, continúa Sophie Delalonde, “cuando les ayudo a cada uno a encontrar diez cualidades propias.

Lo que parece imposible al principio, se desbloquea con algunos ejemplos y un poco de vocabulario. Alguno descubrirá que es osado, otro servicial u ocurrente o que sabe escuchar, pero habrá otros que se sientan orgullosos de la línea de sus cejas o de su cabello. Otros hablarán de su éxito en equitación o de sus talentos culinarios”.

Amélie, de 15 años, ha colgado en su habitación un corazón de papel enorme que ella misma ha diseñado y coloreado, con sus cualidades escritas en su interior. Lo contempla para encontrar ánimos en momentos de apatía.

Ayudar a los adolescentes a superar sus complejos significa también saber ser de ayuda en nuestra misión como padres. Tenemos que atrevernos a hablar de sus dudas con los amigos o, quizás, dentro de un grupo de orientación para padres. Hay diferentes asociaciones y proyectos municipales que nos ayudan, a nosotros también, a abandonar los complejos por no ser padres “perfectos”.

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