Papa Francisco en Egipto: enfrenten a los “predicadores del odio”

Estas son, en resumen, las claves del mensaje que el Papa Francisco lanzó hoy al más importante país musulmán del mundo, en un momento que considera “decisivo” en esta “guerra mundial que vivimos por partes”: “Egipto, a causa de su historia y de su concreta posición geográfica, ocupa un rol insustituible en Oriente Medio y en el contexto de los países que buscan soluciones a esos problemas difíciles y complejos, que han de ser afrontados ahora para evitar que deriven en una violencia aún más grave”.

El Papa Francisco abordó uno de los temas candentes hoy en el mundo árabe, y que según los especialistas, está en la base de la “primavera árabe” que ha tenido consecuencias tan desestabilizadoras en la región: la justicia social.

El Pontífice quiso recordarlo en su discurso, recordando que el pueblo pidió “un Egipto donde no falte a nadie el pan, la libertad y la justicia social”, un objetivo que “se hará una realidad si todos juntos tienen la voluntad de transformar las palabras en acciones”.

“El desarrollo, la prosperidad y la paz son bienes irrenunciables por los que vale la pena cualquier sacrificio. Son también metas que requieren trabajo serio, compromiso seguro, metodología adecuada y, sobre todo, respeto incondicionado a los derechos inalienables del hombre, como la igualdad entre todos los ciudadanos, la libertad religiosa y de expresión, sin distinción alguna. Objetivos que exigen prestar una atención especial al rol de la mujer, de los jóvenes, de los más pobres y de los enfermos”, afirmó el Papa.

También alabó el esfuerzo de las autoridades egipcias – especialmente del propio presidente, Al Sisi – por combatir la violencia extremista y por acoger a los refugiados procedentes de otros lugares en conflicto.

En este sentido, no dejó de recordar los recientes ataques contra la minoría copta, como también el éxodo de los cristianos del sur de la península del Sinaí. “No se puede construir la civilización sin rechazar toda clase de ideología del mal, de la violencia, así como cualquier interpretación extremista que pretenda anular al otro y eliminar las diferencias manipulando y profanando el Santo Nombre de Dios”.

Combatir el extremismo: Dios es el Dios de la libertad

“Todos tenemos el deber de enseñar a las nuevas generaciones que Dios, el Creador del cielo y de la tierra, no necesita ser protegido por los hombres, sino que es él quien protege a los hombres; él no quiere nunca la muerte de sus hijos, sino que vivan y sean felices; él no puede ni pide ni justifica la violencia, sino que la rechaza y la desaprueba. El verdadero Dios llama al amor sin condiciones, al perdón gratuito, a la misericordia, al respeto absoluto a cada vida, a la fraternidad entre sus hijos, creyentes y no creyentes”.

Citando al propio Al Sisi, el Papa recordó que Dios “es el Dios de la libertad”: “Tenemos el deber de afirmar juntos que la historia no perdona a los que proclaman la justicia y en cambio practican la injusticia; no perdona a los que hablan de igualdad y desechan a los diferentes”.

“Tenemos el deber de quitar la máscara a los vendedores de ilusiones sobre el más allá, que predican el odio para robar a los sencillos su vida y su derecho a vivir con dignidad, transformándolos en leña para el fuego y privándolos de la capacidad de elegir con libertad y de creer con responsabilidad. Tenemos el deber de desmontar las ideas homicidas y las ideologías extremistas, afirmando la incompatibilidad entre la verdadera fe y la violencia, entre Dios y los actos de muerte”.

El Papa quiso recordar al pueblo egipcio el lema de la Revolución del 23 de julio de 1952, “La fe es para Dios, la Patria es para todos”, apelando al concepto de ciudadanía, que es la base de la convivencia y del diálogo entre cristianos y musulmanes.

Egipto demostró entonces, añadió el Papa, “que se puede creer y vivir en armonía con los demás, compartiendo con ellos los valores humanos fundamentales y respetando la libertad y la fe de todos”.

“El rol especial de Egipto es necesario para afirmar que esta región, cuna de tres grandes religiones, puede —es más— debe salir de la larga noche de tribulaciones para volver a irradiar los supremos valores de la justicia y de la fraternidad, que son el fundamento sólido y la vía obligatoria para la paz. De las naciones que son grandes es justo esperar mucho”, concluyó.

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