“No solo los criterios funcionales deben guiar la reforma”
«A mí me gustaría decir, es importante, como, por lo demás, también lo dice el Papa insistiendo sobre la “reforma de los corazones”: no son los criterios funcionales los que debe guiar esta reforma, sino, más profundamente, los criterios de un auténtico regreso a Dios y a una auténtica manifestación de la verdadera naturaleza de la Iglesia». Lo afirmó el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, en la entrevista con la Radio Vaticana durante la que comentó el cuarto aniversario de la elección de Francisco.
«Lo que me impresiona de Papa Francisco –declaró– es justamente su lectura de fe de las cosas, de las situaciones, de las que nace, diría, una gran serenidad de fondo. Él lo ha dicho en muchas ocasiones, pero lo experimento justo en el contacto con él: esta serenidad de fondo gracias a la cual frente a las situaciones, incluso en las más difíciles y complicadas (hay muchas que son también motivo de preocupación y hasta de inquietud), esta capacidad de ver con serenidad las cosas, de saber que las cosas están en manos de Dios y entonces seguir hacia adelante con fuerza, seguir adelante con valentía. Y diría que esto me ayuda mucho también en el ejercicio de mis responsabilidades y de mi papel».
Sobre la reforma de la Curia, el cardenal Parolin observó: «¡En la historia, el Concilio luego lo retomó, la Iglesia “semper reformanda”! Es una dimensión fundamental de la Iglesia la de estar en un proceso de reforma, de “conversión”, para usar el término evangélico. Y es justo que sea así, es necesario que sea así. El Papa nos lo recuerda con insistencia para que la Iglesia se vuelva cada vez más ella misma, para que sea cada vez más auténtica, para que se deshaga de esas incrustaciones que se van acumulando en el camino de la historia y para que vuelva a tener su esplendor como una transparencia del Evangelio. Diría que este es fundamentalmente el sentido de la reforma, y es por ello que el Papa insiste en la “reforma del corazón”. Cualquier reforma necesaria, incluso estructural (a nivel de la Curia romana ya se han tomado decisiones, el Papa las recordó en el discurso a la Curia romana, que están llevando a cambios, a una renovación), debe partir del corazón, todo parte desde dentro. Y entonces, el Papa, justamente, insiste al respecto».
En la exhortación post-sinodal dedicada a la familia y sobre las discusiones sobre la aplicación del documento, Parolin dijo que todavía se necesita «ver “Amoris laetitia” como un gran regalo que nos han hecho. El Papa, me acuerdo siempre desde el inicio, antes de que comenzara el Sínodo sobre la familia, decía: “Este Sínodo tendrá que hacer que brille el Evangelio de la familia”. Y el Evangelio de la familia quiere decir, por una parte, el plan de Dios sobre la familia, ese plan que Dios concibió desde la eternidad sobre la familia, y, al mismo tiempo, también las condiciones reales en las que esta familia vive: una familia marcada por el pecado original, como toda la realidad humana. Entonces, yo creo que la “Amoris laetitia” ha dado un gran impulso, está dando un gran impulso, como escucho decir a tantas personas, a la pastoral familiar. Está verdaderamente produciendo frutos de renovación y de acompañamiento de las situaciones familiares que se encuentran en la fragilidad. En relación con las críticas… Beh, ¡críticas en la Iglesia siempre han existido! No es la primera vez que sucede. Creo que el mismo Papa nos ha dado la clave para leerlas: es decir, deben ser críticas sinceras, que quieran construir, y entonces sirven para progresar, sirven también para encontrar la manera juntos de conocer cada vez mejor la voluntad de Dios y aplicarla».
Al final, trazando un balance sobre el Jubileo, que acaba de concluir, el Secretario de Estado observó: «Creo que el esfuerzo de la Iglesia debe ser justamente el de volverse trámite, convertirse en canal de este encuentro entre la misericordia de Dios y el hombre de hoy en su realidad concreta, en sus alegrías y sus dolores, en sus seguridades y también en sus debilidades y dudas. El Año Santo de la Misericordia fue justamente una ofrenda que hizo el Papa a la Iglesia, para que se convirtiera en este instrumento de misericordia. ¡Justamente, como dijo él, se cierra la Puerta Santa, pero la Puerta de la Misericordia permanece abierta! En relación con los frutos, me gustaría subrayar dos cosas. La primera es, de parte de muchos cristianos, de muchos bautizados, el redescubrimiento de la Confesión como Sacramento de la misericordia de Dios en donde el Señor Jesús nos hace expermientar la misericordia del Padre, el perdón de los pecados y todo su amor por nosotros. He escuchado en muchas partes que ha habido un despertar de este Sacramento y que muchas personas se han acercado a él. Esperemos que este despertar continúe y se traduzca de verdad en una renovada frecuencia al Sacramento de la Reconciliación. La segunda es la atención por las situaciones de pobreza, de indigencia. El Papa nos ha mostrado, con gestos sobre todo, este ejercicio de la misericordia, que, además, es una de las peticiones que se nos hacen con insistencia en la Cuaresma: la conversión nace justamente del ejercicio de las obras de la caridad fraterna. Y entonces, esta renovada atención por las personas que se encuentran en dificultades, por los pobres, por los marginados, por los que necesitan apoyo y cercanía. Me parece que han sido muchas las iniciativas. Creo que también esta es una dimensión sobre la que tendremos que seguir insistiendo».
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