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México: En una cultura machista, tejedoras y creativas de Tlamacazapa

Las mujeres tejedoras y creativas de la comunidad de Tlamacazapa, perteneciente al municipio de Taxco de Alarcón, se han convertido en artistas y buscan que sus artesanías hechas con palapas de palma se conozcan y se exporten a nivel internacional.

Lo que inició como una fuente de ingresos, ahora, tejer y elaborar canastos, bolsas, tapetes, y figuras que presentan la familia y las labores diarias que realizan en la comunidad de Tlamacazapa, es valorado como un arte.

En esta comunidad, que cuenta con seis mil habitantes de origen Náhuatl, las mujeres en su mayoría no saben leer ni escribir, pero combinan el tejido de canastos y bolsas con su quehacer diario y atención a la familia.

Mientras, los hombres, además de dedicarse al campo, apoyan a las mujeres a vender las artesanías que elaboran, porque ellas no fácilmente pueden salir del pueblo si el marido o el padre no lo autoriza.

Consideradas como mujeres guerreras, las mujeres de Tlamacazapa, como parte de su cultura usan siempre sus rebozos negros con el que, por miedo y falta de confianza, cubren su rostro.

Celia Villa Procopio, de 25 años, originaria de esa comunidad y una buena tejedora, relató que la historia que le contó su abuela es que el uso del reboso, principalmente en las jovencitas, era para cubrirse y evitar que un hombre las viera si no era su novio o esposo.

“Me contaba mi abuela que las mujeres que usaban el reboso era porque eran señoritas, por miedo, porque Tlamacazapa significa lugar de miedo, y antes allí había mucho miedo; antes las mujeres tenían miedo de que las viera cualquier muchacho”.

Al Fuerte de San Diego, en Acapulco, han llegado las mujeres de Tlamacazapa a exponer sus obras de arte que son canastos, bolsas y la historia de familias de esa comunidad hecha a base de palma blanca, que estará hasta el mes de septiembre para iniciar un recorrido por Cuernavaca y posteriormente por Canadá.

Con mucha habilidad, la joven mujer teje la base para elaborar un pequeño canasto, dice que le lleva una hora, pero en función del tamaño puede ser más tiempo.

Desde los 6 años, cuenta que ella aprendió a tejer, su mamá la ponía a hacer canastos pequeños porque era su único sostén en el pueblo y tenían que trabajar, “nos guste o no guste”.

“Para tejer tiene que buscar la palma verde o de hoja tierna que con mucha dificultad cortan en el monte y traen cargando, para poder procesarla y después utilizar sus hojas para empezar a elaborar sus artesanías”.

Celia apuntó que ella elabora canastas, tortilleros y canastos para la ropa. Cuando Celia empieza a tejer se moja los dedos y seca en las delgadas hojas de la palma para evitar que se rompa cuando este confeccionando su canasto.

Celia comparte sus horarios también para apoyar en la alfabetización a niños que por falta de recursos no pueden ir a la escuela, tiene cinco menores a su cargo. Tejer, estudiar y alfabetizar, son sus tareas en su comunidad de Tlamacazapa y a veces se le dificulta al combinar todo.

Relató que entre educadoras, promotoras de la salud, parteras y amas de casa se dedican a tejer las artesanías y han conformado un pequeño desarrollo comunitario que se llama Atzin, apoyadas por la canadiense Susan Smith para llevar sus artesanías fuera de Guerrero.

Celia añadió que sus artesanías se las pagan muy baratas cuando las venden en su pueblo entre 80 a 100 pesos, y a veces piden rebajarle al costo.

Sin embargo, al llevar fuera de Guerrero sus artesanías, son más apreciadas, reconocidas y tienen un valor económico mayor, e incluso ya se están exportando a Canadá.

Xóchitl Ramírez Velasco, administradora de la asociación Atzin Desarrollo comunitario, dijo que en este arte de tejido de palma las mujeres de Tlamacazapa se escapan de la realidad por algunas horas y crean verdaderas obras de arte.

Señaló que participar en esta exposición es un logro para las mujeres de la región, porque se sienten reconocidas.
Al hablar sobre la exposición, dijo que 30 mujeres de 16 hasta los 70 años de edad elaboraron la exposición sobre vida diaria de la mujer y la situación que viven en su pueblo.

Dijo que fue difícil que las mujeres salieran de sus comunidades para participar en la exposición, por la situación de inseguridad y desconfianza por parte de los hombres.

Indicó que en el programa de desarrollo comunitario se apoya alfabetizando a niños que no van a la escuela por diferentes factores, así como adultos mayores de hasta 60 años de edad.

Y dijo que las mujeres tejedoras lo tenían solo como una fuente económica y ahora saben que hacer un canasto y figuras es todo un arte y es valorado; “ahora se sienten importante y se sienten artistas al saber que hay gente que aprecia lo que hacen”.
 

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