Los vergonzosos números de la acogida de refugiados en Europa

Desde que en el 2011 con la primavera árabe se desató el conflicto en Siria, se han contabilizado más de 300.000 muertos, de entre ellos unos 16.000 niños.

La estremecedora foto del pequeño cuerpo inerte de Aylan tumbado sobre la arena conmovió la opinión pública en Europa abriendo un breve debate sobre lo que estaba acaeciendo en Siria y la situación de los refugiados sirios, pero este debate duró el breve espacio de tiempo en el que las noticias nacen y mueren.

Después muchos Aylanes han perdido la vida pero Europa ya se había anestesiado. A su vez, la oleada de atentados yihadistas en países europeos evidenciaba la auténtica fragilidad frente a la simulada seguridad. La opinión pública que meses antes se rasgaba las vestiduras por el dolor del pueblo sirio, se olvidaba del horror para lamerse las heridas.

Mientras tanto, cinco millones de sirios han huido del horror. Familias enteras se encuentran desubicadas, con lo poco que pudieron sacar de sus casas, subsistiendo como pueden en campos de refugiados, soportando las inclemencias del tiempo, esperando asilo a las puertas de Europa.

Los países europeos con más peticiones de asilo son: Alemania con 184.053, Hungría con 71.999, Serbia con 276.211 y Suecia con 102.870. En España en 2016 sólo se habían registrado 7.631 peticiones de asilo.

Estas cifras que son mucho mayores que el número efectivo de refugiados que han podido entrar en Europa, son ridículas frente al número de refugiados registrados en Turquía, unos 2.503.550, en el Líbano con 1.069.110 o en Jordania, unos 635.324.  Las dimensiones de la tragedia son muy grandes y Europa está demostrando no estar a la altura de garantizar el derecho internacional de asilo.

De acuerdo con Oxfam, la contribución económica justa por países para hacer frente a la crisis siria no es alcanzada ni de lejos por la mayoría de países a excepción de Suecia, Alemania, Dinamarca, Reino Unido y Kuwait.

Suecia aporta un 42% más de lo que le correspondería de forma justa, Alemania aporta más de un 52% de los recursos que debería aportar, el Reino Unido un 137% más de lo justo, Dinamarca un 218% más y Kuwait un 454% más. No obstante países como España o Francia no llegan ni a la mitad de lo que deberían contribuir y Rusia no alcanza ni el 1%.

Por otra parte, la Unión Europea propuso reubicar sólo 160.000 refugiados otorgando cuotas. Lo que le correspondía a España oscilaba los 16.000, no obstante el Gobierno español expresó la disposición de acoger sólo a 2.749 refugiados.

Para poder llevar a cabo esta reubicación la UE dispuso una provisión de 240 millones para una primera reubicación de unos 40.000 a razón de 6.000 euros por asilado.

De acuerdo con los informes de la OCDE el coste estimado de acoger un refugiado se estima en torno a los 4.000 euros al año para hacer frente a gastos como manutención, alojamiento, transporte, gasto médico, educación y capacitación profesional.

Aunque no hay evidencia científica sobre un efecto económico negativo para una población por acoger a un flujo migratorio, sí que se asume que existe una carga de distorsión; no obstante, existe algún estudio microeconómico como el del campo de refugiados de Dadaab, que pone de relevancia el impacto positivo en el medio y largo plazo por el incremento de la demanda de servicios de la nueva población.

Lejos de desarrollar la opción de la acogida, la UE optó por pactar un lamentable tratado con Turquía por el cual se hacía un canje en el que se reasentaría legalmente en la UE a un asilado por cada sirio retornado a Turquía con un máximo de 72.000 pagando al gobierno turco un coste total de 6.000 millones de euros.

Al final, la Europa que hemos construido que pensábamos que defendía valores humanitarios puso precio a su tranquilidad y a la dignidad de las personas.

Aquella Europa que tras la segunda guerra mundial buscó la unión para superar las diferencias, que exploró acuerdos para aprovechar economías de escala con la intención de recuperar una Europa devastadas y que aseguró el mayor periodo de paz en el continente evitando totalitarismos; esa Europa signo de nueva esperanza dejó de ser una unión económica al servicio de las personas para convertirse en una unión de personas al servicio de la economía.

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