Animales que me acercan al bien

El Espíritu Santo me dice: “Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio.” (Pr 6,6).

Deseo aprender no sólo de la hormiga, sino también del gallo, del burro y del perro.

1- El gallo me llama, y yo, como Pedro, debo acordarme de mis pecados para llorarlos.

2- El gallo canta en las horas de día y de noche. Yo debo alabar a Dios en todas las horas del día y de la noche. Y además debo exhortar a los otros a que lo hagan.

3- El gallo de día y de noche vigila su familia. Yo debo vigilar día y noche las almas que el Señor me ha confiado.

4- El gallo, al más pequeño rumor o aprensión de peligro, da voz de alarma. Yo debo hacer lo mismo: avisar a las almas al más pequeño peligro de pecar. El gallo defiende su familia cuando el gavilán u otro animal o ave de rapiña viene para ofenderla. Yo debo defender las almas que el Señor me ha confiado de los gavilanes de errores, vicios y pecados.

5- El gallo defiende su terreno cuando el gavilán u otro animal o ave de rapiña viene a atacar. Debo defender las almas que el Señor me confió, contra los gavilanes de los vicios, errores y pecados.

6- El gallo es muy generoso; apenas halla alguna cosa que pueda servir de alimento, cuando, privándose de ello, llama a las gallinas para que lo cojan. Yo debo abstenerme de regalos y conveniencias y ser generoso y caritativo con los pobres y necesitados.

7- El gallo antes de cantar mueve las alas. Yo antes de predicar debo mover y batir las alas del estudio y oración.

8- El gallo es muy fecundo. Yo debo serlo espiritualmente, de modo que pueda decir con el Apóstol:”He sido yo quien, por el Evangelio, os engendré en Cristo Jesús.” (1Co 4,15).

1- El burrito es el animal más humilde por naturaleza; su nombre es de desprecio; su habitación es el lugar más humilde y debajo de la casa, su comida es pobre, y pobres son todos sus aparejos. Yo también debo procurar que la habitación, comida y vestido sean pobres, a fin de procurarme la humillación y el desprecio de los hombres, y así poder alcanzar la virtud de la humildad, ya que por la naturaleza corrompida soy soberbio y orgulloso.

2- El burrito es un animal muy paciente; lleva a las gentes y las cargas y sufre los golpes sin quejarse. Yo también debo ser muy paciente en llevar las cargas de mis obligaciones y sufrir con resignación y mansedumbre las penas, trabajos, persecuciones y calumnias.

3- La Santísima Virgen María se valió del burrito cuando fue a Belén para alumbrar a su hijo Jesús, y cuando se fue a Egipto, para librarle de Herodes. Yo también me ofrezco a María Santísima para llevar con gusto y alegría su devoción y predicarla en sus excelencias, en sus gozos y en sus dolores, y además meditaré día y noche en esos santos y adorables misterios.

4- Jesús se valió del burrito cuando quiso entrar triunfante en Jerusalén. Yo también me ofrezco gustoso a Jesús, por si se quiere valer de mí para entrar triunfante de los enemigos: mundo, demonio y carne en las almas convertidas y en las poblaciones; con el bien entendido que los honores y alabanzas que me tributen, pensaré que no son para mí, que soy el burrito, sino para Jesús, cuya dignidad, aunque indigno, llevo.

1- El perro es un animal tan fiel y tan constante compañero de su amo, que ni la miseria, ni la pobreza, ni los trabajos, ni otra cosa alguna es capaz de hacerle separar de su dueño. Lo mismo debo hacer yo; tan fiel, tan constante debo ser en el servicio y amor de Dios, que pueda decir con el Apóstol que ni la muerte, ni la vida, ni otra cosa alguna pueda separarme. (cfr.Rm 8,35)

2- El perro es más leal que un hijo, más obediente que un criado y más dócil que un niño. No sólo hace voluntariamente lo que el amo le manda, sino que además mira la cara del amo para conocer su inclinación y voluntad, a fin de cumplirlas sin esperar que se lo mande, lo que hace con la mayor prontitud y alegría, y aun se hace participante de los afectos del amo; por manera que es amigo de los amigos del amo y enemigo de sus enemigos. Yo debo practicar todas estas bellas cualidades en el servicio de Dios, mi querido Amo. Sí, gustoso haré lo que me mande, estudiaré su voluntad para cumplirla, sin esperar que me mande; ejecutaré con prontitud y alegría todo lo que disponga por sus representantes, que son mis Superiores. Seré amigo de los amigos de Dios y trataré a los enemigos de Dios como Él disponga, ladrando contra sus maldades para que desistan de ellas.

3- El perro vigila de día y por la noche redobla su vigilancia; él guarda la persona del amo y todas las cosas que al amo pertenecen; él ladra y embiste a cuantos conoce o barrunta que pueden perjudicar a su amo y a sus intereses. Yo debo procurar vigilar continuamente y declamar contra los vicios, culpas y pecados, y contra los enemigos del alma.

4- El perro el mayor gusto que tiene es el estar y el andar a la presencia de su amo. Yo procuraré andar siempre con gusto y alegría a la presencia de Dios, mi querido Amo, y así no pecaré nunca, y seré perfecto, según aquella palabra: Anda en mi presencia y sé perfecto (Gen. 17,1).

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