‘Batman: La Lego Película’: un filme dirigido a los niños

En un reportaje de Imágenes de Actualidad, comentaban los productores de Batman: La Lego Película (Chris McKay) que querían profundizar en la soledad del personaje y explorar las razones de su malhumor. Bruce Wayne perdió a su familia cuando era niño y desde entonces vive solo, amargado por los recuerdos, con la única compañía de su mayordomo Alfred. Otro de sus objetivos fue parodiar al superhéroe sin ridiculizarlo. Así, no es rara la inclusión del guionista Seth Grahame-Smith en el proyecto: suyas son las ideas de Abraham Lincoln: Cazador de vampiros y Orgullo + Prejuicio + Zombies.

La llegada al cine de este personaje en versión Lego no es novedosa; algunos ya hemos visto en casa, con nuestros hijos, los títulos que no se han estrenado en pantalla grande: Lego Batman: La película. El regreso de los superhéroes de DC, La Liga de la Justicia: El ataque de la Legión del Mal, La Liga de la Justicia contra la Liga de Bizarro, Lego DC Comics. La Liga de la Justicia: Fuga de Gotham y LEGO DC Super Heroes: La liga de la justicia. La invasión de Brainiac. Pero son piezas menores, menos acabadas, algo que suele notarse en el resultado final y en los fondos animados.

Lo primero que se agradece al ver otra película de Batman, a estas alturas, es que no tengamos que revisar los orígenes del personaje (asesinato de sus padres, entrenamiento…), algo que Christopher Nolan hizo mejor que nadie.

Al inicio del filme, Batman acude al rescate de Gotham cuando el Joker y su cuadrilla atacan de nuevo: en seguida nos revelan a un superhéroe con una trayectoria ya dilatada, que verá amenazado su protagonismo cuando Barbara Gordon (Batgirl), hija del comisario Jim, pretenda combatir a los villanos mediante una alianza entre la policía y los superhéroes, algo que Batman no quiere aceptar.

Pronto los guionistas introducen el personaje de Dick Grayson (Robin), un huérfano al que Bruce Wayne acaba adoptando a regañadientes. Alfred, Robin y Batgirl tratarán de mostrarle la necesidad del trabajo en equipo, la importancia de una familia y el valor de los sentimientos.

Precisamente esto último es lo que varios críticos le han reprochado a la película: ese interés obsesivo por aniquilar la soledad de un hombre. Su opción es muy respetable, pero algunos no vemos mayor problema en eso: quienes han perdido demasiado pronto a sus padres y han tenido que afrontar una infancia de orfandad saben lo difícil que es esa vida.

Y no debemos quedarnos solamente en esa lectura. Hay otro aspecto esencial: en cierta secuencia, Joker trata de explicarle a Batman que se necesitan uno al otro (la importancia de la némesis, como señalaban en El protegido), y el primero le confiesa su odio; pero Batman alega que él ni odia ni siente nada. Eso es lo que significa ser una especie de muerto viviente: la falta de sentimientos, la incapacidad para amar y odiar.

No debemos olvidar que este Batman está enfocado a los niños, y resulta más conveniente enseñarles los beneficios de los sentimientos que los resultados de la misantropía. La cuestión no es baladí: cuando las historias de superhéroes y villanos están dirigidas a los más pequeños, no es mal asunto señalarles ciertos valores.

Además, Batman es una película de acción frenética, con animaciones impecables, que incluye tantos detalles y guiños en cada plano que deberíamos verla varias veces, un festín de personajes célebres que logran su propósito: que los críos se lo pasen en grande. Y le da cien vueltas a Batman v Superman.

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